Entre el duelo y la responsabilidad: Cómo aprender a crear una nueva realidad
Entre el duelo y la responsabilidad: Cómo aprender a crear una nueva realidad
El texto de hoy no va a ser tan feliz, aviso por si esperaban una bomba de arcoiris y entretenimiento. El texto pasado hablé sobre cómo estaba yendo mi abril. Que me pasaban cosas buenas y malas. Como si existiese la ley de equivalencia. Bueno, abril también vino un componente que decidí omitir el texto pasado y finalmente, con este texto concluyo la historia.
Hace dos semanas mi perro Tomy tuvo un momento donde automáticamente se puso mucho peor de lo que ya estaba. Cuando digo “de lo que ya estaba” no me refiero a que estaba muy mal, sino a que bueno, estaba viejito, por su raza desarrolló cataratas, lo que hizo que se vuelva completamente ciego, un poco sordo y desorientado. Pero no es que “estaba mal”, simplemente eran esas cosas a las que uno se va adaptando a lo largo del tiempo que, aunque no sean buenas condiciones para estar, no son impedimentos para seguir viviendo bien. Hasta hace dos semanas, Tomy estaba perfecto (en sus términos), se chocaba un poco con las paredes pero él siempre encontraba la forma de llegar a donde quería y con el tiempo desarrollamos un nuevo sistema donde a la noche, como él siempre se quedaba a dormir adentro, acostado en el sillón, si quería salir afuera a hacer sus necesidades, se ponía a llorar. Literalmente podían ser las diez de la noche, las dos de la mañana o las cuatro de la mañana, y el perro lloraba como avisando que era hora de que alguien lo saque afuera. Al principio este mecanismo funcionaba y era efectivo, pero con el tiempo mi perro se re contra acostumbro y ya estaba llorando a horas donde nos cortaba todo el sueño. Pero por lo menos, fue demasiado inteligente para crear su propio mecanismo de pedir ayuda. El perro lloraba, vos bajabas, lo tocabas (porque al estar ciego y sordo y medio dormido, tenías que avisarle que estabas ahí) y él se levantaba y caminaba solito a donde quería ir. A veces era ir al patio, a veces era para tomar agua y a veces era para pedir comida. Un sistema bastante efectivo.
Pero todo esto cambió cuando un día random de la nada mi perro ya no se podía subir al sillón. Obviamente era un tema de vejez donde ya no tenía fuerza para impulsarse y subirse. Pero eso no fue lo único que cambió. Empezó a dormir demasiado, no quería comer, solo tomar agua y muy de vez en cuando se levantaba para esto. Dejó de vocalizar sus necesidades y con el paso de los días, se volvió más desorientado. Necesitaba ayuda para levantarse, para llegar a donde quería, incluso a veces lo tenemos que obligar a que vaya a comer o a sacarlo afuera para que se mueva. Cuestión, notamos este cambio y el jueves a la mañana mi mamá lo llevó a la veterinaria. Estábamos nosotras dos solas en casa, y como el turno era a la mañana, ella fue sola y yo me quedé durmiendo. Ese jueves me desperté con una mano en el brazo, mi mamá con la cara hinchada, los ojos rojos y diciéndome que el perro no estaba bien y que la veterinaria había dicho de dormirlo ese mismo día o al siguiente.
Obviamente que automáticamente me largué a llorar. Creo que no hay peor noticia que levantarte diciendo que te recomiendan eutanasiar a tu perro porque está demasiado mal. Ese jueves marcó todo el resto de la semana. Literalmente perdí la noción del tiempo hasta hoy. Por suerte había paro y feriado y no tuve que ir a la facultad porque sino iba a estar llorando mientras escribía una puta noticia periodística y me hablaban sobre la revolución rusa. Era un sentimiento raro. Porque yo sabía que desde esa semana donde mi perro se puso peor de la nada, ya no quedaba mucho tiempo con él. Me acuerdo que esa semana, todos los días, cada tanto yo me acercaba y me fijaba si estaba respirando. Por las dudas viste. Nunca se sabe cuando tenes un perro viejito. Me acuerdo de que un día yo le dije “Tomy, si vos te morís, yo también”. Porque obviamente yo le hablaba al perro. Pero claro, yo le hablaba desde lo incierto, desde la sorpresa de levantarme un día y que me digan que ya no respira. Con lo cual, medio que Tomy cumplió mi promesa porque no me sorprendió, me avisó con tiempo.
Volviendo a ese jueves, ese puto jueves, era horrible saber que había que tomar una decisión. La veterinaria y, lo que cuenta mi mamá, es que esa mañana Tomy no estaba respondiendo normal. Como que no reaccionaba a los estímulos como un ser vivo normal lo haría. Estaba decaído, no quería moverse, no quería comer, nada. Cuando volvió a casa, las cosas empeoraron por mil. Ya no se podía parar solo, incluso a veces estaba parado y se caía solo porque las patas de atrás ya no le daban más. Y empezó lo más grave de todo. Empezó a producir mucha saliva, pero no era saliva normal, era como una baba que hacía que no pueda abrir la boca porque se le pegaba el pelo y aparte, seguro le dolía abrirla. Entonces no comía y no tomaba agua. Tuvimos que recurrir a una jeringa para darle de tomar agua porque no podía abrir la boca. Al mismo tiempo, tenía la panza muy hinchada, yo supongo que era por la baba esa pero al final nunca supimos bien qué era. Ese día a la noche, mientras cenábamos, hablamos de la situación. Mi mamá estaba enojada con la veterinaria porque le tiró la de la eutanasia así nomás, sin hacerle ningún estudio de sangre al perro. Mi papá, otro que estaba muy enojado, se puso re moralista diciendo que no era una decisión fácil la de la eutanasia y empezo como loco a decir que había gente que se rendia muy rapido y eso, y que era mejor que muera por causas naturales, lo cual yo estaba muy en desacuerdo. Todo porque tanto mi hermana como yo, ya entendíamos la situación y estábamos a favor de que lo durmieran al día siguiente.
Yo entendía ambos lados la verdad. Es verdad que la veterinaria no hizo mucho y simplemente dijo “tomá, eutanasia, cuando quieras!!!!”. Pero al mismo tiempo, si ella es la profesional y nos dijo eso, capaz un punto tiene. Además era verlo en un estado que nadie debería estar así y yo también entendí el punto de la veterinaria de no hacer ningún estudio ya que ninguna medicina iba a arreglar lo que ya estaba hecho. Yo sabía que él estaba mal y que no iba a mejorar, solo empeorar más. Pero mis papás estaban en negación total. Tampoco los culpo, una situación que duele no te hace pensar racionalmente porque las emociones están tan a flor de piel que lo primero que te sale es tratar de buscarle la vuelta al asunto de cualquier manera. Con enojos, culpando a otra gente, dando un discurso moralista, etc. Mi mamá decía de llevarlo a otra veterinaria cuando se termine el fin de semana. Sonaba como una solución favorable pero yo sabía que aun así, no era la decisión correcta. El detonante fue el jueves, el viernes la vida nos demostró que las cosas solo iban de mal a peor y el sábado, me desperté de la misma manera que el jueves. Esta vez era mi hermana, misma cara hinchada, mismos ojos rojos, diciéndome que Tomy ayer a la noche la había pasado muy mal y que ese día lo íbamos a llevar.
Es raro tener que explicar toda esta situación porque por un lado, estaba totalmente destruida por la noticia. Era esa esperanza falsa de la familia de estirar todo hasta el lunes para conseguirle un nuevo turno y que mi perro no haya aguantado ni dos días. Esa sensación de que efectivamente teníamos que tomar la decisión y no había otra opción. Pero otra parte de mi, estaba aliviada. Aliviada de saber que mi perro no tenía que estar sufriendo por más tiempo, aliviada de que mi familia recuperó los sentidos y acepto la realidad, aliviada de que esas dos semanas horrendas se terminaran de una vez por todas. Ese sábado a la tarde lo llevamos entre mi mamá, mi hermana y yo. Fue horrible. Primero le dieron un sedante para calmarlo, que igual, ya estaba calmado, y después le dieron la dosis que le paraba el corazón. Lo peor de todo es que duró segundos. Creo que fueron menos de cinco segundos. Eso es lo que más me pegó. La decisión de la eutanasia yo la llevaba bien puesta desde el jueves y sabía que era la mejor opción. Pero ver que en tan solo segundos mi perro había fallecido fue como un uf. Yo no podía acercarme tanto a él en la mesa. Sentía que si lo veía de cerca, que si lo tocaba, me iba a doler más soltarlo.
Después de eso, volvimos a mi casa y lo dejamos apoyado en el piso un tiempito hasta que llegara mi papá del trabajo para poder enterrarlo en el patio. Cuando Tomy estaba en su era adolescente, estaba loco. Se ponía a correr por todo el patio en vueltas, todo energizado, y saltaba para poder ver a los vecinos por encima de la pared. Era re gracioso. Tipo ¿qué chota quería ver?. Esos son mis genes. Los de chusma. Por algo Tomy terminó en mi casa y no con otra gente. Nosotros dos tuvimos una historia peculiar. En 2011 nos mudamos con mi familia a la casa en la que vivimos actualmente. Un año después, mis papás decidieron tener un perro. La condición era que íbamos a tener un perro pero mi mamá elegía la raza y el nombre. Ahora que lo pienso, era justa la decisión, pero igual me daba bronca que no podíamos elegir nada. Me encanta cuando la gente le pone nombres raros a sus mascotas. Acá hago una intermediación ya que, hablando de nombres de perros, yo conocí a uno, mejor dicho una, que pobrecita, la re cagaron. Yo estaba en sexto grado y el colegio hacía un intercambio con un colegio re cheto de Chile. Nosotros íbamos para allá una semana y nos hospedamos en la casa de alguien, y después ellos se venían una semana acá y nosotros hospedamos a esa persona. Yo tenía una chilena que tenía un chihuahua mini. DIABÓLICO ese chihuahua de mierda. Vos que estás del otro lado, trata de adivinar el nombre. Te doy una pista, es un nombre femenino, totalmente desubicado y tiene que ver con el cuerpo. Apuesto a que nunca nadie lo va a adivinar.
La chihuahua de mierda, toda que me ladraba y la tenían que encerrar en el lavadero porque se ponía como loca, se llamaba CONCHA. Y la pelotuda de mi chilena le decía CONCHITA. Yo me quedé mínimo común múltiplo. Mira que hay diferencias en el lenguaje pero, ¿por qué poronga le pondrías a tu perra algo relacionado con el mar?. ¿No te pintó estrella?. O mejor, caracola, para no ponerle CONCHA. Terrible. Volviendo, mi perro y yo tuvimos una historia de enemies to lovers. Yo tenía siete años cuando él llegó a la familia. A pesar de ser una bolita chiquitita de pelos, era la cosa más activa, juguetona y loca del mundo. Era insoportable, en el buen sentido. Jugaba todo el día, mi hermana le enseñaba a morder y yo estaba cagada hasta las patas. Me acuerdo que yo hacía un fuerte con almohadas cuando me sentaba en el sillón porque me daba miedo jajaj. Además, mientras más crecía, se volvió más loco, más activo y un poco bruto para jugar. Imaginate como estaba yo. Horrorizada por la bestia de treinta centímetros que teníamos en casa. Tomy era ese tipo de perro al que no se le agotaba la energía y generaba quilombo.
Cuando nosotros nos metíamos a la pileta, corría alrededor y empezaba a ladrar porque tenía miedo que nos ahoguemos. Era tremendo porque se llegaba a tirar a la pileta y se te ponía encima tuyo. Digamos que no era un método tan efectivo porque en su momento salvación, el perro te terminaba ahogando. Cuando venían amigas, les robaba las ojotas, las crocs, las toallas, los bolsos, la ropa. También cuando volvía de bañarse de los lugares esos para mascotas, volvía re enojado y para vengarse se robaba el repasador de la cocina y lo teníamos que correr por toda la casa. Lo mismo cuando había que bañarlo. El chabon corría a más no poder. Una vez se robó un papel higiénico, se fue corriendo al patio y pensó que la puerta del quincho estaba abierta, lo cual no, y se la dió contra el vidrio. Todo un ladrón y un corredor. A pesar de la amenaza que era, tenía una debilidad. La caja de galletitas de lata. Y no por la razón que ustedes pensaran. Le daba cagaso el sonido de la lata. Con mi hermana lo jodíamos y lo perseguíamos un poquito con la lata por la casa. No sé por qué le daba miedo. Porque más allá del ruido, si vos ya le mostrabas la caja, ya salía corriendo.
Con el tiempo el perro se fue calmando un montón. Dejó de estar tan activo, dejó de morder, se dejaba dar besos sin enojarse. Osea vos le podías hinchar las pelotas por una hora y él ahí tranquilo, todo un angelito. Me mata que había momentos donde si le agarraba la bronca y mordía. Pero me da gracia que los mordía a todos menos a mi jaja. Yo siempre tuve una teoría de que yo soy la favorita de mi perro. Porque yo sabía cuando parar y dejarlo en paz. Mi papá, que es típico de los papás hacer esto, lo acariciaba con fuerza y le daba palmadas. Mi hermana lo agobiaba al perro, lo levantaba cuando se le cantaba el orto y lo mataba a besos hasta que el perro se enojaba. Y mi mamá, la mujer que lo bañaba, la patrona, la que le daba la medicación, osea un trauma viviente para mi perro. Y después estaba yo, que lo saludaba siempre que lo veía, le traficaba algo de comida si tenía, le daba bola y cariño pero no lo atrofiaba con amor. Conclusión: yo era la favorita.
Volviendo a la cuestión horrorosa del entierro, mi papá quería enterrarlo en el spot donde él saltaba para ver a los vecinos. A mi no me molestaba enterrarlo en casa pero al mismo tiempo me parecía un poco tétrico. Porque lo peor fue que, a partir de un consejo de la veterinaria, lo enterramos así nomás. A pelo. Sin caja, sin bolsa. Tierra y Tomy. Fue un poco feo la verdad. Ya lo superé porque no me suelen dar impresión las cosas así, pero si fue fuerte en el momento. Después de eso, el ambiente en casa se volvió raro. Se sentía ese vacío, ese silencio. Esa sensación de que cada uno estaba muy adentro y procesando entonces cuando alguien hablaba era como que había más lentitud para responder. Desde el jueves hasta hoy, todos los días lloré un poco. No puedo andar llorando todo el tiempo porque gracias a la increíble facultad, tenía que estudiar no para uno sino dos parciales. Entonces yo me turnaba entre hacer el duelo y apagar la emoción para prender la cabeza y estudiar.
Sorprendentemente me manejé demasiado bien. A pesar del incidente del profesor boludo que no conoce la palabra anticipación y esta sorpresa de Tomy, pude mantenerme organizada y enfocada. Y de hecho, pude absorber toda la información de ambas materias con normalidad. Aunque me quejé de que todo esto me cayó encima como un balde de agua fría inesperado, agradezco haber tenido que estar con otras responsabilidades simultáneamente. Porque si era solamente yo y mis emociones, cagamos. Hoy tuve el parcial del profesor boludo y era re papota y pude responder todo bien. Todavía me queda el de historia, lo cual estoy un poquito nerviosa. Todos dicen que es re difícil, re poca gente promociona, que la gente piensa que le va bien y se saca un dos. Yo ya terminé de estudiar, lo que queda es repaso y por suerte entiendo todo. Lo cual, me preocupa porque no sé si es una buena señal o no jaja. Ya me veo que me preguntan algo re específico. Ojalá que no. Dénme un respiro. Después de estas dos semanas de mierda, me merezco parciales con preguntas fáciles y un beso en la frente.
También, dentro de todo, estoy bien. Obviamente todavía hay restos de tristeza que surgen a la noche. Ese momento donde nadie te ve, está todo oscuro, todo en silencio, y tenes un momento a solas para pensar y sentir sin que nadie te interrumpa. Me duele no poder verlo más. Obviamente sigo teniendo todos los recuerdos muy vívidos y millones de fotos. Específicamente un álbum entero de fotos de Tomy en mi celular. Yo soy fan de mi perro. Lo digo en presente porque aunque ya no esté, el sentimiento no se va. Para mí sigue estando en cierto sentido. Estar en mi casa me hace sentir que él está ahí. Muchas veces, para mi el “volver a mi casa” simbolizaba “ver a Tomy”. Literalmente estaba en cualquier lado y cuando volvía él siempre estaba ahí en el sillón.
Todavía estoy tratando de acostumbrarme a su ausencia. Y no ausencia simbólica sino literal. Como digo, su spot era el sillón. Él SIEMPRE estaba en el sillón acostado en una esquina. Con los años desarrollé una costumbre de que cada vez que subo o bajo las escaleras, miro al sillón. Es como una reacción que ya tengo incorporada. Entonces todavía me tengo que recordar de dejar de mirar al puto sillón ya que no va a haber nada. Incluso cuando yo terminaba de bañarme, iba al balcón del pasillo que tiene una vista hacia el living, y siempre me asomaba para ver a Tomy. Como chequeando jaja. Y el otro día lo hice y fue como, “no, pará, dejá de hacer esto que ya no hace falta”. Todavía me cuesta estar en la planta baja. Como digo, Tomy siempre estaba ahí. Si no estaba en el sillón, estaba en la cocina, y si no estaba en la cocina, estaba en el patio de atrás y si no estaba en el patio de atrás, estaba en el patio de adelante. Siento que estoy en un loop constante en donde yo pienso que lo llevaron a bañar y cortarle el pelo, y en una o dos horas, va a volver a casa. Todavía tengo ese pensamiento de que cuando me sobra comida, pensar “no pasa nada si sobra, total después se lo doy a Tomy”. Tampoco me senté en el sillón desde que lo enterramos. Es como un museo para mí. Es ver al sillón y seguir de largo. Porque yo no puedo ocupar ese lugar cuando ya está ocupado. Creo que eso es lo peor de que tus mascotas tengan un spot favorito. Porque después ves ese lugar vacío y te entran todos los pensamientos de una.
Mi mamá también sigue teniendo sus manías. Hace muchos años, tras la llegada de la bola de pelos y lo rebelde que empezó a ser, tuvimos que poner una puertita de madera en los primeros escalones de la escalera para que el perro no subiera. El otro día vi que mi mamá bajó y cerró la puerta. A lo cual, le pregunté por qué la cerraba si ya no hacía falta. Pobre igual, ella no sabía muy bien que decirme, se rió un poquito y la fue a abrir. Ese día en la cena yo propuse sacar la puertita porque aparte de no cumplir ninguna función, yo siempre me enganchaba el polar y quedaba colgada. Es como cuando tenes un mal día y se te engancha la ropa con la manija de una puerta. Y me dijeron que no, que le dé tiempo, que era re fría por no dejar procesar que la puerta ya no servía porque el perro ya no estaba y mi mamá justificó con que le sirve para saber si entró un ladrón a la casa porque la puerta hace ruido cuando la abrís.
Esto me lleva a otra cosa, las diferencias en el duelo. Todavía todos siguen en esa fase medio bajón. Yo creo que soy la que mejor está. No porque no me duela sino porque yo ya hice el duelo fuerte hace un tiempo. Desde esa semana que mi perro cambió abruptamente de actitud, yo sabía. Ya tenía esa sensación en el pecho de que eran sus últimos momentos con nosotros. Por algo yo tenía el reflejo constante de chequear a ver si respiraba. Obviamente yo no dije nada. No me iba a poner a especular la muerte de Tomy si apenas estaba empezando con los signos graves. No me iba a poner a decir “familia, creo que el perro se está por morir” solo porque el perro ya no se podía subir más al sillón. Pero aun así, yo ya tenía esa intuición y el jueves simplemente fue la confirmación de lo que yo ya venía procesando y pensando. Esto también va de la mano con el hecho de que yo no insistí en esa cena sobre la eutanasia. Sabía que mi familia estaba recién recién procesando la idea del perro muriendo entonces no quería seguir pinchando una idea y los dejé en su ilusión momentánea de que Tomy podía aguantar y mejorar. Siento que yo ya estoy en esa fase de aceptación donde puedo escuchar su nombre y no sentir una punzada mientras que ellos recién están en la primera fase del proceso. Por eso, si es que escucho o noto que alguien está o estuvo llorando, simplemente lo dejo ser. No digo nada y sigo con la mía. Cada uno lo va a digerir de formas distintas, ninguna forma es la correcta. Entonces dejo que ese silencio, ese vacío y ese bajón, habite la casa por un tiempo. Mientras tanto trato de mantener el humor, de subir un poco el ambiente, de mencionar abiertamente a Tomy o algo relacionado con él. La mejor manera no es evitando, es atravesando.
Por ahora en lo único que puedo pensar es en cómo va a seguir la cosa. Osea, tengamos en cuenta que solamente estuve siete años sin un perro, lo cual todo mi tiempo se basaba en jugar. Y por otro lado, toda mi vida la recuerdo con él presente. Pasó por todas las etapas conmigo y me pregunto qué será de mi continuando la adultez sin una mascota. Es re real cuando dicen que una mascota te levanta el ánimo. Entonces es raro no tenerlo. Y aparte me encantan los perros entonces cada vez que veo uno algo se ilumina en mi ser. Es como, “bueno, ¿y ahora qué?”. Ayer me puse a reflexionar lo que yo solía hacer antes de Tomy, cuando era más chica. Yo tenía una creatividad de la puta madre, tan fuerte que ya rozaba la esquizofrenia. Yo tenía como un mundo creado en donde era doctora, maestra, arquitecta y profesora de natación todo esto MIENTRAS era una mamá de DIEZ hijos y tenía una familia de perros. Chequeate esa.
Primero, ella era Barbie. Creo que me tomé muy enserio eso de “podes ser lo que quieras ser”, me metí fentanilo y metí cuatro carreras en una vida. Pero está bien, yo era una mujer empoderada desde chiquita. También tuve fases donde flasheaba cantante o youtuber. Una vez hice un video cantando “Corre” de Jesse y Joy, toda dolida dedicándosela a Ramiro, un crush de como CINCO AÑOS. Hablame de lealtad y monogamia. Esos fueron mis primeros indicios de mi visión sobre el amor más cruda de hoy en día. Ese video es genial. Yo cantando re dolida, haciendo karaoke y mi hermana, como la computadora estaba en el pasillo sobre una mesa con cosas, como una boluda cortando cinta scotch al lado mio. La cara de ? de Carolina, mirando la letra en la pantalla toda seria y mientras ella cortaba cinta y se la pegaba en la cara porque ya no le quedaba más espacio en la mesa ajaja. Ojalá pudiera mostrar ese video cada vez que alguien nuevo entra a mi vida. Así sabe en lo que se está metiendo. Ese es mi video más icónico. Deberían proyectarlo en mi funeral.
Volviendo, aparte de ser una niña prodigio con cuatro trabajos metidos en el orto, tenía DIEZ HIJOS. Esto no fue un indicador de nada porque hoy en día prefiero que me amputen un brazo antes de tener diez hijos. No es que nunca quisiera tener hijos, pero en esta economía, esos diez hijos podrían ser sustituidos por un viaje a Europa. Pero bueno, yo vibraba en la abundancia. En la abundancia maternal. Donde pasé por diez partos casualmente. Y obviamente tenía un esposo en mi mundo. Pero él no era tan importante. Porque yo era más cool. Yo con mis cuatro oficios en donde yo era LA MÁS IMPORTANTE y a la que mejor le pagaban, con mis diez monos y el útero explotado, era mucho más cool que mi esposo al cual conocí porque los dos éramos arquitectos. A todo esto, claramente éramos chetos. Por favor amorch. Yo manejaba una Hyundai H1 para meter a toda la familia y estaba forrada en guita. Y no nos olvidemos que era una milf. Los diez partos no me afectaron en absoluto y yo era una diosa griega.
Una parte de mi piensa que esta realidad alternativa que yo creé a los seis años es una manifestación de mi yo superior del futuro. Casada, con hijos, millonaria, trabajando de lo que me gusta, con perros, milf y cool. No está tan alejado de lo que me gustaría ser. Obviamente tengo algunas mini modificaciones pero dentro de todo, con ese resumen, yo estoy bomba. Pero cuestión, claro, todo esto sucedía en un contexto donde yo era una niña y no dependía de un perro para entretenerme y distraerme. Ahora ni sé qué voy a andar haciendo. Obviamente quisiera tener otro perro en algún momento. Ahora claramente no es ese momento. Pero me intriga saber cómo voy a llevar este tiempo así a pelo. Además me da una bronca porque yo tenía unas re ganas de que mi futuro novio conozca a mi perro. Yo ya tengo un trauma con eso. Mi abuelo, del lado de mi papá, siempre me preguntaba por el novio pero no desde un lado machista e insistente sino desde el lado de “¿cuándo te vas a conseguir un muchacho lindo que tenga visa italiana?”. Lo bancamos a Dito. Devoró con ese statement. Yo re quería a mi abuelo. Éramos re compinches. Él cumplía todos mis caprichos y yo lo entretenía con las boludeces que hacía. Pero en 2024 falleció así que nunca pudo ver al italiano. Ahora lo mismo con mi perro. La puta que les parió. La próxima se van a llevar a mi abuela que me anda preguntando por el novio. A este paso se va a morir todo el mundo antes de que yo le presente un novio a la familia jajajaj. Mis traumas mis chistes. Hace poco mi mamá compró unos individuales para la mesa. Compró seis. Yo le dije “¿por qué seis si somos cuatro?”, me dijo “cuatro para nosotros, uno para Mati y uno para tu novio” jajaj. Ya me están presionando. Más vale que la espera sea porque se me va a cumplir la realidad alternativa que creé de chiquita. Y que POR FAVOR no se salteen la parte de milf y millonaria. Esas son las más importantes.
Pero bueno para cerrar el texto, lo cual a veces me da paja darle una conclusión a mis textos y simplemente los dejo ahí picando, las vueltas de la vida. Un día está pasando algo y al otro día mágicamente todo lo que pensabas que era de cierta manera, cambia por completo. Yo estoy intentando no resistir al cambio, sino dejarme llevar por las cosas locas de la vida por más malas que sean. Tengo un presentimiento de que la despedida de Tomy fue como el universo diciéndome “ya no lo necesitás” y un momento de culminación en mi vida donde se cierra un ciclo y comienza uno nuevo. Tanto para mi como para mi familia. A veces pasan cosas que no podemos controlar, y está bien. No significa que nuestra vida vaya a colapsar por un giro de rueda en particular. Son circunstancias en las que un poquito mal la vas a pasar pero eso no significa que tengamos que hacer la vista gorda y actuar como si nada. Ya hablé sobre esto varias veces, el de elegir reprimir, negar y justificar o afrontar lo que venga con honestidad. Así que más allá de que ahora no sea mi momento estelar, no significa que tengo que pausar toda mi vida y quedarme deprimida en mi cama. La vida sigue, las circunstancias cambian y la gente también.
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