El poder de las palabras: El precio de no necesitar a nadie
El poder de las palabras: El precio de no necesitar a nadie
¿Qué precio estás dispuesto a pagar por el camino que querés tomar?. Con esa pregunta terminé mi último texto el 13 de diciembre de 2025. Vaya giro porque desde ese día hasta hoy, cambiaron muchas cosas. Demasiadas. Diciembre lo terminé más tranquila, menos expuesta y más introspectiva. Este mismo sentido lo repetí en enero pero en febrero entendí ciertas cosas que antes no me las había planteado. Retomo la pregunta del principio ¿qué precio estoy dispuesta a pagar por el camino que quiero tomar?. Primero tenía que pensar el camino, obviamente. Estando en el estado calmado en el que estaba, mi vida externa empezó a encenderse y a moverse. Yo pensaba que iba a tener un verano con menos planes y menos pensar pero la vida me tenía preparada otra cosa. Creo que exactamente el movimiento externo me estaba pidiendo un movimiento interno. Me cuestioné muchas cosas, amistades, vínculos, mi carrera, mi imagen, etc. y llegué a la conclusión de que mientras reflexionaba sobre todas estas cosas, siempre se prendía la chispa en mi cabeza de decir “esto sería un buen texto para el blog”. Pero después recordaba mi despedida, y mi creatividad quedaba bloqueada.
Después de mi último post no volví a escribir. Escribir me hacía acordar a mi límite y mi alejamiento sutil de mi forma de expresión. ¿Por qué escribir un texto que iba a quedar olvidado entre mis archivos?. Muchas veces me frené de escribir. Quería escribir pero no tenía la motivación para decidir escribir algo sin propósito. Me voy a poner un poco espiritual pero realmente muchas veces pienso en mi propósito. No se si creo tanto en el “estoy destinada a hacer tal cosa”, pero si me pregunto en dónde voy a terminar en unos años. Si voy a estar haciendo algo que realmente me gusta o si solo voy a seguir la masa de gente que trabaja para vivir y punto. Yo siempre pienso a largo plazo cuando tomo mis decisiones, pero a veces me gustaría pensar un poco menos en el futuro. Odio que no pueda vivir en el ahora y siempre me pregunte qué vendrá después. Me gusta ser curiosa pero a veces me paso y me olvido del ahora.
Muchas veces me encuentro esperando algo mejor sin saber que capaz ya estoy en “lo mejor”. También odio que la gente me pregunte sobre cosas del futuro o asuma sobre este. Odio que me pregunten de qué quiero trabajar cuando me faltan como cinco años para terminar la carrera. Odio que me pregunten si me voy de viaje en el verano estando en invierno como si fuese normal planear un viaje con tanto tiempo de anticipación. Odio que asuman que voy a tener hijos o me voy a casar cuando ni hay signos de que estoy en una relación estable actualmente. Pero bueno, de tanto odio pasemos a las cosas que sí me gustan, como lo es escribir. Después de omitir y rechazar mis impulsos creativos entiendo que a pesar de la exposición o la falta de privacidad, estoy dispuesta a pagar ese precio por hacer lo que me gusta. Me gana más mi deseo de expresarme que el deseo de mantenerme al margen. Intenté soltar la escritura pero la escritura no quiso soltarme a mí y mis pensamientos intrusivos eran una confirmación de mi necesidad de perseguir eso que tanto me estaba llamando.
Así que con este texto, voy a desarrollar una de mis ideas que estuvo esperando pacientemente a ser reflexionada. En mis textos anteriores hablé tanto de amor como amistades. ¿Pero quién dijo que una amistad no se puede sentir como una relación?. Durante el verano, fuí al cumpleaños de una amiga y me reencontré con una chica de mi colegio que en su momento fue mi mejor amiga. Verla a Agus me hizo acordar de muchas cosas. Desde nuestros recuerdos, nuestras crisis, nuestra cercanía y finalmente el camino que cada una tomó. Nosotras nos volvimos muy amigas desde que yo entré al colegio en el que estaba. Nuestra relación no siempre fue lineal, había altibajos, momentos de cariño y simbiosis pura y otros donde cada una estaba más enfocada en otras amistades. Pero a pesar de las volatilidades de prioridades momentáneas, siempre volvíamos a la otra. Incluso, en esos momentos donde una era más cercana con otra chica, ambas sentíamos esa alarma interna en donde detectábamos a esa persona como una amenaza a nuestro vínculo. ¿Ahora se entiende el concepto del amor platónico en amistades?. Suelo preguntarme cada tanto qué será tener novio hasta que me acuerdo de la relación que tuve con las tres mejores amigas que tuve a lo largo de mi vida y pienso que capaz no está tan lejos de ser como esas dinámicas.
Estar todo el tiempo juntas, ir a eventos familiares de la otra, contarnos secretos solo entre nosotras, ponernos celosas cuando otra chica aparecía, ser confidentes incluso a distancia. Describí muchas cosas que aparecen en las parejas. Al mismo tiempo, fueron relaciones en donde exploré la intensidad, la responsabilidad afectiva y cómo manejar un conflicto en un vínculo. Como dije, Agus no fue la única mejor amiga que tuve, también lo fue Ari, una chica de un colegio anterior con la que viví toda mi infancia, y Lola, también de mi último colegio y una amiga que sigue estando hoy en día en mi grupo. Con todas compartí todas estas características que mencioné antes. Capaz con algunas un tema era más relevante en la relación que otro, pero no hay nada que no mencioné que no haya aparecido en todas estas amistades.
Empiezo con Ari, la más lejana. En 2010 entré a Kinder a un nuevo colegio. La verdad que no recuerdo mucho, era muy chica, pero lo que sí me acuerdo es el momento exacto en el que la conocí. Era el primer día de clases, estábamos en el patio en el recreo y yo estaba jugando con unos juguetes que había en el piso. Ari se me acercó y empezó a jugar y me dijo “¿querés ser mi amiga?”. Una pregunta tan simple como esa llevo a una gran amistad que formó mucho lo que fueron mis primeros años de vida. Es medio loco pensar que alguien que me conoció por tantos años y creció conmigo, ya no forma parte de mi vida hace un buen tiempo. Aunque, en 2024 me la crucé en el colectivo volviendo del Cbc ya que ella también iba a San Isidro, solo en una carrera distinta. Es re feo ese sentimiento de encontrarte con alguien que conoces de chico pero que hace mucho no se ven y se genera esa incomodidad rara de no saber qué decir, de qué hablar o si directamente saludar o no. Con Ari llevamos una amistad bastante sólida, por momentos ella era muy intensa en lo emocional y era muy cariñosa y yo un poco más fría. Pero bueno, nos complementábamos. Me acuerdo que ella solía ser muy intensa con el contacto físico y yo me enojaba porque me agobiaba, nos peleábamos, había un silencio de unos minutos y después ella venía y me abrazaba, me pedía perdón y seguíamos felices como si nada. Como toda gran amistad, también se involucraron terceros en el medio. Un año al colegio había entrado una nueva chica, la forra de Sabrina. La odio a esa chica, capaz hoy sea una buena persona pero era re loca y malvada de niña y eso ya dice suficiente. Sabrina fue la típica que se mostraba como oveja al principio y terminó siendo más bicha. Al ser nueva, con las chicas del curso la quisimos integrar y terminó pegando onda con Ari y conmigo. Con el tiempo el dúo se volvió un trío hasta que esta trola empezó a manipular la situación y creó una pelea entre Ari y yo. Nos separó, a cada una le decía que la otra había dicho tal cosa, lo cual era mentira, y fomentaba la pelea y la distancia. Realmente no sé por qué lo hizo. Capaz estaba celosa, capaz quería una mejor amiga, pero tremenda loca. Había semanas donde ella se agarraba a una y excluía a la otra y viceversa. Hasta que un día, no me acuerdo exactamente que pasó, ponele que Sabrina faltó al colegio y Ari y yo nos dimos una mirada como diciendo “tenemos que hablar esto entre nosotras”. Lo hablamos y nos dimos cuenta que el problema nunca había sido la otra sino la muchacha con demencia. Automáticamente volvimos a ser mejores amigas, mandamos a Sabrina a la mierda y como ella ya no tenía más amigas en el curso se terminó yendo del colegio. Con esto cierro la historia con Ari, la considero una persona que fue muy importante para mi vida y lo va a ser siempre.
Después de un tiempo, Ari se cambió de colegio, yo me quedé unos años sin ninguna amiga tan cercana que ocupara ese rol hasta que me cambié de colegio. En 2016, entré al colegio del que me egresé y ahí conocí a Lola y a Agus. Ambas amistades no fueron lineales, capaz por momentos estaba más cerca de una y por otros con la otra. Incluso llegamos a ser un trío pero bueno, no funcionó tanto la idea de hacer un trío con mis dos mejores amigas. Me da gracia leer esto porque parece que estoy hablando de otra cosa. Juro que estoy hablando de la cantidad de personas en un grupo. Al mismo tiempo, estas circunstancias no lineales hicieron que aparezcan los celos y los planteos. Agus empezó a notar que yo me estaba volviendo más cercana con Lola y me estaba apartando un poco. Yo igual nunca lo sentí así, creo que le daba atención a todas mis amigas siempre, capaz había momentos y momentos pero nunca sentí que esté dejando de lado a nadie. Pero bueno, un día me llegó un mensaje de Agus diciéndome que ella se sentía dejada de lado, que yo no estaba tanto con ella y sentía que yo ya no la estaba priorizando. Esta crisis se resolvió rápido igual, le expliqué lo que yo sentía, le dije que ella seguía siendo mi mejor amiga y que no se preocupe por que no la iba a abandonar y dejar tirada por ahí. Esto mismo me pasó con Lola, aunque esta vez era yo la celosa del planteo. Eso también se resolvió rápido y Lola afirmó nuestro vínculo al toque. Esto me hace pensar que generalmente esto pasa porque hay una persona que se muestra un poco más desapegada. Entre Agus y yo, yo era la más desapegada y entre Lola y yo, ella era la más desapegada. Esto tranquilamente explica mucho las dinámicas actuales donde hay un migajero y un apego evitativo en las relaciones. Aun así, en estas amistades no había ni migajeo ni evitación, solamente distintas formas de procesar los vínculos y la libertad que uno tiene en ellos.
Por un lado, Agus era un poco más intensa con el tema del tiempo de calidad y el querer estar juntas todo el tiempo. Por otro lado, el desapego de Lola me descolocó ya que era tipo “la desapegada conoce a la más desapegada”. Al final todo salió bien igual. Ambas amistades también me enseñaron mucho sobre la responsabilidad, la constancia y el esfuerzo. Como mencioné, Lola sigue estando en mi vida mientras que con Agus me distancié. Nunca hubo una pelea ni nada, solo fue el tiempo lo que nos separó. Nosotras en primaria estábamos en el mismo curso, pero al pasar a secundaria terminamos en distintas clases. Me acuerdo que ella estaba re triste y estresada porque con las chicas que había quedado no era tan cercana o directamente no tenía vínculo alguno. Yo de pedo quedé con todas mis amigas cercanas. A pesar de la división, por unos años mantuvimos la cercanía hasta que eventualmente ella tuvo que hacerse amigas de las de su curso. Esto dió un giro inesperado. Justo una de las chicas de su curso con la que se volvió cercana, era una chica bastante popular. Creo que con esto ya se entenderá qué camino tomó ella y cual tomé yo. Con el tiempo nos fuimos alejando y ella se volvió una persona más que buscaba validación social y ser alguien importante. Yo considero que por parte no la puedo culpar. Quedó en una clase sin amigas y tuvo que adaptarse a la situación. Además, justo las amigas que se hizo venían con el beneficio de subir en la jerarquía social. Así que, ¿por qué no hubiese aprovechado la oportunidad?. Para mi lo malo no es eso, sino que justamente, al rodearse de ese tipo de personas, ella terminó en un grupo más falso, que se beneficiaban de los demás, que se aprovechaban de la atención. Es medio nostálgico cuando me pongo a pensar en su personalidad antes de todo eso. Ver como una persona pierde toda identidad propia y pasa a ser una copia de gente que también abandonó su autenticidad por un poco de aplausos.
Me pregunto si ella se arrepiente. Si cree que hubiese sido más feliz quedándose en donde realmente encajaba, no en donde tenía que cambiar quien era para ser aceptada. Muchas veces cuando pienso en ella pienso en mi. En el camino que yo tomé. Con mis amigas éramos como el grupo que estaba en la suya. No éramos ni las populares ni las marginadas sociales. Éramos como un grupo copado en el medio que interactuaba con ambos lados pero no se metía en ningún drama. Y creo que fue la mejor posición para estar. Muchos pensarán que es mejor ser popular pero si vemos detrás del telón, hay muchas cosas que nadie nota. La exposición, la presión social, el querer mantenerse interesante y relevante, la pérdida de individualismo, la careta constante que llevas, incluso el odio que recibís a tus espaldas ya sea por otros que no están en tu grupo o por los mismos que vos llamas tus amigos. Por eso estar en la tuya es la mejor opción. Al mismo tiempo, ser popular tiene una fecha de expiración. Estar en la tuya, no. En el cumpleaños este que mencioné de mi amiga que me reencontré con Agus, también me reencontré con el grupo popular del colegio. No quiero ser mala pero estaban hechos mierda. No se si fue tanto vape o tanto porro (porque obviamente tuvieron una época donde se hicieron los “drogadictos cools que fuman porro y prueban distintas drogas”), pero parecían como cansados. Como si la vida no les dió un respiro después del colegio. Además siento que siguen atrapados en el pasado. Me di cuenta de que parece que no tienen amigos fuera de lo que es la gente del colegio. Pero bueno, que se les va a hacer, obviamente que se van a querer quedar viviendo en el peak de su vida donde eran alguien a pesar de que ese peak ya terminó hace rato…
Volviendo a las amistades, nada que ver con mi reflexión sobre el amor platónico que se desarrolla en estas, este año se me generó un nuevo miedo. Para un poco de contexto, el año pasado fue un año donde yo tuve que aprender la ley del desapego. Como conté en un texto anterior donde hablé de mis amigas del colegio, ellas el año pasado empezaron a acercarse a un grupo que a mi no me copa para nada. Al mismo tiempo, la facultad, el trabajo, sus relaciones amorosas y los tiempos de la vida, hicieron que se haga muy difícil hacer planes. Claro, yo pasé de estar todo el tiempo priorizando al grupo, priorizando el tiempo de calidad, el querer estar cerca de ellas, a ver como el resto estaba enfocándose en otras cosas que se fueron llevando su atención.
A medida que yo me daba cuenta de esto tuve que pausar y pensar un segundo qué quería hacer. Podía seguir intentando poner un esfuerzo en un lugar donde no iba a haber una reciprocidad o podía girarme y empezar a reevaluar mis propias prioridades. Claramente si con todos mis textos entendieron mi personalidad, sabrán que hice lo segundo. Empecé a buscar nuevos hobbies, a conectar con otras personas y también a conocerme un poco más a mi misma cuando no pienso en colectividad y comunidad, sino en mi propio camino. Mientras que aprendí a no depender del grupo y logré desapegarme de dinámicas donde yo espero algo del otro, creo que hice demasiado bien mi trabajo. Hasta tal punto que me desapegué por completo de la idea de mi siendo parte de un grupo. Osea, no es que chau amigas, nunca mas voy a volver a relacionarme, sino le dije chau a la necesidad de moverme en grupo, de esa necesidad de esperar siempre a que el grupo esté para poder hacer algo. Ya sea con cosas más profundas como proyectos míos o cosas más simples como querer hacer x plan y en vez de esperar una respuesta de ellas, voy y busco otras personas o directamente lo hago yo sola.
Cierro contexto, volviendo al miedo que desarrollé para este año. Volver a tener que pasar por un año más en esta etapa de independencia pura. El año pasado fue más introspectivo, más enfocado en mi y en lo que estoy haciendo y sintiendo. Pero si este año vuelve a ser así, creo que me pego un tiro. Como explico, hice demasiado bien mi trabajo del desapego que medio que termine yéndome a un extremo donde estoy en mi era pájaro en vuelo pero que se fue tan arriba que se olvidó de bajar al suelo. Logré tanto no depender de las personas que me volví demasiado independiente, demasiado cuidadosa con la confianza y lo que pongo en manos de otros y un poco más fría. Lo mismo con la validación o el apoyo, ni hace falta que tenga gente apoyando una motivación mía, con tal de que yo crea en mí misma listo. Capaz uno piensa “que bueno, ¿de qué te quejas?”, pero como dije, lo lleve al extremo. Un extremo donde perdí un poco esa necesidad de tener un refugio emocional en alguien. Temas de confianza. Perdí esa necesidad de tener a alguien muy cercano, incluso la necesidad de tener una mejor amiga. Y aunque haya perdido la necesidad, no quiere decir que no haya perdido el deseo de tener eso.
Siento una disyuntiva constante entre lo que quiero y como termino actuando en base a eso. Por ejemplo, no suelo ser muy suelta con el contacto físico, pero me gustaría serlo. Y a pesar de eso, cuando se me da la chance de ser más suelta, me cuesta un montón. Entonces me pasa lo mismo con el tema de la cercanía y lo colectivo. Quiero ser parte pero por momentos no. O querer estar de novia y después pensar en la responsabilidad que lleva eso. Como que si pero no. O no pero si. Últimamente estoy más volátil, no en el mal sentido, y más yo. Creo que es eso, estoy mas yo. Me di cuenta que estoy haciendo lo que yo quiero cuando yo quiero, estoy siendo más honesta, estoy diciendo las cosas con empatía pero sin tanto filtro y al que le gusta, le gusta y al que no, no. Por otro lado, creo que en mi grupo pasa algo. Cuando el resto se enfoca en ellas mismas, nadie se lo toma con seriedad pero cuando yo lo hago, el tema es más importante y llama más la atención. Creo que es por que ellas saben que al final del día, no necesito del grupo para existir y por eso mi desapego o libertad se nota más porque el resultado es otro.
Al mismo tiempo, estuve jugando mucho al límite. Me refiero a que estuve empujando a ver hasta dónde puedo llegar sola sin nadie. Lo cual impulsa mi motivación pero reduce la cercanía y el tacto con mi entorno. Por eso mi miedo de este año es que se repita lo del año pasado. Que el entorno no coopere y que me vea obligada, una vez más, a reforzar mi independencia. Es verdad que me da más libertad, pero a veces tener tanta libertad también te deja las manos vacías y todo se vuelve más aburrido y solitario. Aparte siento que la independencia para mi es un poco una adicción. Una vez que entrás y entendés que no necesitas a nadie y podés hacer todo vos solo es una espada de doble filo de la cual cuesta salir. Porque salir significa volver a confiar en la gente y bueno, la gente decepciona. Igual trato de mantener una mente positiva pero a veces cuando lo externo no cambia y es todo lo mismo, la esperanza de encontrar algo distinto disminuye cada día. Por eso también intento aprovechar cuando se me da la oportunidad de algo distinto. No quiero que se me vaya a pasar algo y después me arrepienta. Siento que mucha gente está en la mentalidad de “igual esta oportunidad va a volver a pasar más adelante” y después se dan cuenta de que las oportunidades son únicas. Rara vez la vida te vuelve a ofrecer dos veces lo mismo. Y mucho peor la gente que piensa que las cosas o personas son reemplazables. Siempre esa gente se termina dando cuenta de que eso no es verdad cuando ya es muy tarde. Igualmente creo que yo, por suerte, nunca me arrepentí de no haber tomado una oportunidad o viceversa, sí haberla tomado. Creo que fuí bastante inteligente con mis decisiones y todo tuvo una razón para aparecer en mi vida así que aunque capaz hubieron cosas que salieron mal, sinceramente, que suerte que salieron mal. Ese es exactamente el punto, que ciertas cosas salgan mal para no volver a repetir lo mismo y volver a cagarla.
Para cerrar el tema, también se acerca el comienzo del cuatrimestre de la facultad. Me acuerdo que en enero estaba re aburrida y extrañaba a mis amigas y quería volver a la facultad. Después en febrero recuperé el cerebro, ví la oferta académica y en marzo me fuí de viaje y ahí entendí que no tengo ganas de volver. Aparte me anoté a materias que no me entusiasman mucho, solo me anoté porque las voy a tener que hacer eventualmente así que ya empiezo el año con el pie izquierdo. Pero como dije, hay que mantener una mente positiva. Ojalá el primer día de clases no aparezca otro fotógrafo que me saque mil fotos y no termine subiéndome al Instagram de la facu. Eso sí que me haría perder la esperanza.
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