Lo que cambió cuando cambié: Entre la incomodidad y el deseo

Lo que cambió cuando cambié: Entre la incomodidad y el deseo


En mi último texto exploré el deseo y los vínculos en mi adolescencia. Pero como dije, yo cambié y aunque hay algunos patrones inevitables que se siguen repitiendo, las historias no son las mismas.


Durante mi adolescencia, era más superficial, no me tomaba muy enserio mi deseo o los vínculos. No porque no me importasen sino porque nunca había pensado en lo que yo quería de un vínculo a un nivel mucho más profundo. En paralelo yo tenía un gran problema, el famoso apego evitativo. Por suerte, el año pasado pude abrirme más y dejar este patrón de una vez por todas. Pero a veces, noto que en ciertos vínculos todavía quedan rastros de mi apego pasado. No es que yo trate a las personas con indiferencia, frialdad y distancia como antes, sino que todavía quedan las marcas del miedo a la vulnerabilidad. Algo que este año en particular estuve trabajando al máximo.


Este trabajo interno hizo que yo explotara bastante emocionalmente. Para bien como para mal. Durante todo el año tuve las emociones a flor de piel y las sentía en su máxima expresión. Hubo un mes específico donde me desbordé completamente. En mayo, yo lloraba mucho. Hubo una semana donde lloré los siete días sin falta. Algo que mi apego evitativo de antes nunca experimentaba. Literalmente, yo acostumbraba a llorar una vez cada dos o tres meses. Osea, nada. A veces, cuando uno se acostumbra a reprimir tanto lo que siente, cuando se permite sentirlo por primera vez, te desequilibrás y no sabes cómo manejar esa intensidad. Pero eventualmente, pude controlar y superar esa tensión. Aprendí a canalizar mis sentimientos y si sentía algo muy fuertemente, aprovechaba esa energía para hacer algo como escribir. La inspiración más grande de mis textos o poemas no son mis experiencias ni mis historias a contar, sino el sentimiento detrás de esos relatos.


En el primer cuatrimestre de la facultad pude explotar mi creatividad y encontrar una nueva pasión. En el taller de escritura descubrí que me gusta escribir, mucho más de lo que quisiera admitir. También, me di cuenta de que me cuesta escribir cuentos de ficción, suspenso o fantasía. No porque no me gusten o interesen sino porque son relatos donde generalmente, la emoción no es lo principal. Me resulta mucho más fácil escribir algo con un sentimiento real, tangible, donde tanto yo como el que lee puede identificarse con lo que estoy escribiendo. Por eso, todos mis textos o poemas no son ficción o solo poesía, son mis experiencias y mis sentimientos manifestados en palabras escritas. Encontré la escritura como un gran ejercicio para ordenar lo que pienso y lo que me pasa. Aparte, después me gusta la idea de poder releer mis trabajos y volver a reflexionar sobre ellos cuando quiera.


En fin, volviendo a mi adolescencia. Era muy inmadura emocionalmente y estaba constantemente a la defensiva. Igual, yo considero que tenía mis razones. Esto lo explico mucho mejor en mi otro texto, pero aún así no mencioné otras cosas que tenían que ver con mi trayecto en el amor. Por ahora, dejo en suspenso mis historias pasadas. Ahora, quisiera enfocarme en los últimos dos años. 


Cuando terminé el colegio, yo me sentía mucho más feliz y libre. Pienso que mi colegio y las personas que iban ahí, eran personas muy especiales. Gente muy egocéntrica. Yo ya escribí sobre los varones de mi colegio, pero las chicas tampoco estaban tan lejos de los horrores que veía y escuchaba. Mis momentos difíciles en el colegio nunca tuvieron que ver con discriminación o bullying sino que el ambiente era muy pesado de por sí y las personas no ayudaban mucho. Capaz en otro texto entre más en este tema, pero ahora no quisiera enfocarme mucho en esto. Cuestión, salgo del colegio y mi vida cambia para mejor.


Me acuerdo que me emocionaba entrar a la facultad, conocer gente nueva, sentirme más adulta y poder estar cerca de gente que yo realmente quería estar cerca. Este cambio fue tan drástico que en el verano de ese año tuve un impulso de motivación y empecé a hacer ejercicio como loca. No se por qué pero me dieron ganas de hacer de todo. Aparte, en el colegio (si, vuelvo al colegio porque como se puede ver, fue una fuente de traumas) que era demasiado exigente, también les gustaba ponerse la gorra no solamente en lo académico sino en deporte. Yo hacía voley y en el último año, la entrenadora me eligió específicamente a mi para torturarme y presionarme. Es más, esto me lo dijo ella misma, no fue solo una percepción mía. Entonces, en mi último año, que se suponía que tenía que disfrutar y aprovechar al máximo, cada día en deporte, yo sufría la vigilancia constante de mi entrenadora. Nada tenía sentido. ¿Por qué en mi último año, sabiendo que yo no voy a volver a hacer voley, querés explotarme?. 


Lo peor de todo no era eso. Yo era armadora, no lo elegí sino que me pusieron en esa posición. En voley, la armadora es sumamente importante, la entrenadora nos decía que “ella es el cerebro del equipo y tiene que pensar los movimientos mucho antes que las demás”. Entonces, este puesto me arruinó la vida porque el error de otras, se volvía mi error. Era terrible ver como el resto se mandaba cagadas y la entrenadora me retaba a MI. O incluso ver como otras tenían errores y aún así los comentarios que les llegaban eran leves y breves, pero cuando yo hacía algo mal era el fin del mundo. Es una pena porque a mi realmente me gustaba voley, siempre me divirtió y ver como mis últimos momentos jugando no fueron lo que yo esperaba, me persiguió por mucho tiempo. Entonces creo que mi motivación post colegio vino de la libertad que yo tenía para hacer deporte sin que nadie me critique.


Esta motivación repentina también me ayudó a motivarme en otras áreas, como mi maduración y mi mundo interno. Empecé a tener la necesidad de querer cambiar la forma en que me vinculaba emocionalmente y me posicionaba ante el amor. Y así fue, tomé la iniciativa en mi vida amorosa. Ya conté cómo fue la experiencia, tampoco tanto a detalle porque simplemente eran más confirmaciones de que yo no tenía que estar en ese vínculo. Las siguientes experiencias, aunque breves e insignificantes, no cambiaron mucho de patrón. Pero sí empezaron a pasar cosas más interesantes, aunque no beneficiosas. 


Primero, me di cuenta de que cuando salgo a un boliche, los hombres no me encaran directamente. Siempre mandan al amigo de palomita mensajera para que me hable por ellos. Yo no entiendo qué tengo yo. No se si soy un repelente de hombres sin darme cuenta o qué. Pero me tienen harta. La última vez fue terrible. Era un grupo de chilenos que habían venido de viaje por un tiempo. Llega la palomita mensajera y me dice “mi amigo, cree que sos la chica mas linda del mundo y se enamoró de vos”. Yo en ese momento no sabía mucho qué hacer. La verdad que no me interesaba y con mis amigas estábamos esperando a que venga el uber. Yo le dije al amigo que me estaba por ir y aún así no le importó mucho porque insistió diciendo que ellos también se estaban por ir. Me parece que no entendió la indirecta. También, el comentario me pareció un poco exagerado y del arquetipo de hombres que me idealizan de los que ya analicé. A todo esto, estos chicos tenían como veintitrés años. A mi me daría vergüenza tener esa edad y no poder acercarme a charlarle a alguien como una persona normal. Me parece que ya estamos grandes para que me mandes a tu amigo para decirme que te parezco linda. Casualmente, también me di cuenta de otra cosa. 


Encontraba más atractivo las palomitas mensajeras que se me acercaban que los cagones que se escondían en una esquina. A veces me pregunto por qué los hombres tienen tanto miedo a acercarse. Creo que toda mujer aprecia la iniciativa, especialmente hoy en día. Obviamente que eso no garantiza un acercamiento victorioso ni un premio por tener pelotas. Pero al menos, te deja la tranquilidad de saber que hiciste lo que querías hacer y no te importó el resultado. Medio que la vida se trata de eso, de la prueba y el error. 


Segundo, por alguna razón el año pasado empezó a pasar algo que todavía sigo procesando cómo me siento al respecto. Empezó el año pasado pero este año se intensificó a un nivel impresionante. Mucha gente empezó a mirarme demasiado. Cuando digo demasiado no me refiero a que me miran porque soy una persona, estoy ahí y existo, sino demasiado en términos de que a veces siento que perdí mi privacidad. No importa en dónde, a qué hora, de qué género sea la persona o de qué edad, mucha gente no me para de mirar. Lo peor es que no puedo contárselo a nadie libremente. Seguro van a pensar que soy una paranoica, una esquizofrénica, que quiero llamar la atención, que estoy mintiendo o que me la re creo. Además, no es una experiencia muy común. Es bastante específico y original lo que me pasa que no creo que alguien lo vaya a entender a un nivel de comprensión absoluto. 


No voy a mentir, a veces me da miedo. Mirar es normal pero mirar tan intensamente a una persona, sin sacarle los ojos de encima ni por un segundo, ya roza un poco el acoso. Me pasa que si estoy en transporte público y veo que un hombre no para de mirarme, siempre me agarra el pensamiento intrusivo de pensar que él se va a bajar en la misma parada que yo y me va a secuestrar. Igual, estoy exagerando. Claramente en plena nueve de Julio, con las calles llenas de gente, me parece que nadie se atreve a tanto. Por suerte nunca me pasó nada. Sólo la incomodidad inmensa del momento. Además, el hecho de dejarle saber a la otra persona que yo efectivamente los ví mirándome, no es un obstáculo para nadie y ellos siguen con su observación. 


Este tema trajo muchos sentimientos. A veces era un boost de autoestima, otras incomodidad extrema, otras me ponía feliz que un chico lindo me este mirando y otras era puro enojo. Todavía me pregunto por qué será. Entiendo que yo soy pelirroja y eso a mucha gente le llama la atención, pero esto nunca me pasó antes y tampoco que mi pelo es tan revolucionario teniendo en cuenta que muchas chicas se tiñen de ese color. Es algo nuevo que todavía estoy encontrando la manera de cómo transitarlo sin volverme loca y salir de mi eje. 


Como digo, los sentimientos son mixtos. Algunas veces no me molesta y otras me molesta demasiado. Hubo una situación en particular este cuatrimestre en una materia. Había un hombre, si, digo hombre no chico porque se veía como de treinta años para arriba. Este hombre no era un alumno sino alguien que ya había terminado la carrera y tenía ganas de estar presente en todas las clases y escuchar. Realmente estaba mas al pedo, pobre. Me mataba que nunca participe o acote algo ni se digne a explicar un tema al menos UNA vez. A parte la clase era de una a tres de la tarde, osea, un horario de mierda. Todos cagados de hambre y el chabon este estando ahí voluntariamente por que le pintó. A veces me pregunto si se lo cogía al profesor. Pero bueno, ese no es el punto. 


El punto es que no me paraba de mirar. Yo me sentaba adelante con mis amigas contra la pared y él estaba en el mismo lugar pero del otro lado del aula. Literalmente, yo movía un pelo y este ya estaba atento viendo que pasaba. Incluso yo a veces trataba de esconderme entre los demás para bloquearle la vista y que no me vea. Un montón, ya sé. Parecía que no iba a la clase para escuchar sino para mirarme. Esta situación me generó una bronca tremenda durante la cursada. No sólo porque me incomodaba que un pibe de treinta años no se pueda controlar, sino porque esa clase era una mierda de por sí (acá hay un storytime mucho más complejo que otro día explayaré) y esta situación se sumó a mi odio por todo. Fue horrible no poder sentir un poco de privacidad. Sentir que yo podía reaccionar o moverme de una manera que alguien no lo vaya a notar. Porque constantemente estaba siendo observada. Agradezco ya no tener que ver más a ese tipo. 


Entonces no tuve un año muy privado. Como dije, a veces pienso que es mi pelo, otras veces cómo me visto. Pero me cuesta entender que puede ser simplemente por el hecho de que me encuentren atractiva. Yo tengo mi autoestima y reconozco mis virtudes, pero tampoco pienso que soy la mujer más linda del mundo para llegar a tal punto de observación a donde sea que voy. Hace unos meses yo subí una historia a Instagram haciéndome la linda, una actividad que me gusta mucho porque a parte, es espontánea siempre. Estoy ahí y pienso “uy que linda que estoy” y así surge la foto. Y en ese momento surgió este sentimiento. Yo estaba entre varias fotos y le pedí ayuda a mi hermana y su novio para elegir. Ellos siempre me joden con qué “para quién es” (como si un hombre se dignara a hablarme de una vez por todas) y también me preguntaron “a quién quería intimidar”. Este tema ya lo reflexioné pero me da gracia que me llegue ese comentario. Era una foto normal, no había nada especial, no había ninguna pose dramática ni sexy ni ropa que llamase la atención. Y aún así yo estaba intimidando a alguien. 


Tercero, algo que cambió mucho fue lo que yo estoy buscando. No sólo la diferencia en las personalidades sino también en el tipo de relación que quiero. Antes, estaba abierta a que surja cualquier tipo de vínculo. Ya sea algo más serio o algo más casual. Hoy en día, con respecto a los vínculos casuales, creo que prefiero un tiro en cada teta. Valoro mucho la constancia, el compromiso, la lealtad, la claridad y sé que una relación así nunca me va a dar lo que necesito. Todos los términos boludos de hoy en día como “el casi algo”, “el chongo” o “la relación sexo-afectiva”, es la abolición del amor. 


También, como digo, las personalidades que me interesan alternaron. Yo siempre fui de gustar del chico más popular o más gracioso o más extrovertido. El típico “amigo de todos”. Había un chico que yo conocí a través de otras chicas que habían ido a mi colegio que me encantaba. Yo estaba re enamorada de él, pero de una manera un poco más platónica que real. Este chico participaba en obras de teatro, tocaba instrumentos, no le importaba lo que la gente piense de él y era muy respetuoso y amable. Uno diría, bueno, ¿qué tiene de malo?. La respuesta es nada. Pero con el tiempo me di cuenta de que él tiene una vida demasiado movida, demasiado social, demasiada “yo soy el protagonista”. Y yo, alguien que quiere tener sus logros pero prefiere mantenerse de bajo perfil, creo que no encajaría mucho en ese estilo de vida. 


Yo lo pienso como salir con un famoso. Obviamente terminaría forrada en guita, viviría en una mansión y me iría de viaje a los lugares más caros, pero todo eso tiene su precio. La exposición masiva. Soy bastante privada con lo que hago y lo que cuento, entonces salir con alguien que se expone mucho me causaría una duda constante. Además, prefiero poder construir algo en conjunto, no ser “la chica que se cuelga del éxito del novio”. Entonces yo sabía que este chico iba a ser mucho más feliz saliendo con alguien de su mismo entorno que conmigo. Por eso, las personalidades que hoy me atraen, no son ruidosas sino más tranquilas. Más “bajo perfil”. Siempre la gente ve esto como algo negativo y ven ser reservado o introvertido como un crimen. Pero se olvidan que ser extrovertido viene de la mano con no saber callarse un segundo.


Muchas veces veo parejas que siempre cuentan DE TODO. Incluso cosas sobre su intimidad sexual que a nadie le interesa escuchar. Que bueno por vos que la ponés, pero no hace falta aclararlo todo el tiempo. A veces pienso que la gente cuenta cosas para sentirse importante o superior. Especialmente cuando se trata de relaciones amorosas. Por eso yo valoro más la privacidad y tengo cuidado con lo que le dejo saber al resto. También, el hecho de estar buscando la aprobación o la opinión del resto constantemente, hace que la relación no sea de dos personas. Una vez, estábamos cenando con mis amigas y una cuenta que a ella le molestaba que su novio no la deje llevar las bolsas del supermercado. Y que eso le daba bronca porque no la dejaba tener su momento “mujer empoderada”. Justamente, las que estábamos presentes en esa cena éramos de las que peor la habían pasado con los hombres. Hombres a los que les chupamos un huevo, que nunca nos cuidaron, nunca les importamos y que nunca harían algo así por nosotras. Y ver como ella le estaba buscando el pelo al huevo generó una tensión en el aire. Mis otras dos amigas se quedaron calladas con una cara de orto, yo traté de suavizar un poco la situación diciéndole entre una risa incómoda que era una exagerada. Realmente Dios le da pan al que no tiene hambre.


Con respecto a la apariencia física, la verdad que no cambié mucho en eso. Nunca tuve un “tipo” fijo, aunque ciertas características se repitan. Pero lo que sí pasó es que dejé de conformarme con lo mínimo. Esto ya lo reflexioné cuando expliqué el discurso de “darle una oportunidad al feo gracioso”. Ya de base siempre me costó encontrar hombres que me atraigan. Parezco asexual diciendo esto pero yo juro que sí me atraen los hombres. Solo que no la mayoría. Y esto actualmente es bastante complicado para mi. Imagínense como si hubiese cien hombres en una habitación y de esos cien hombres sólo cinco me parecen lindos. Las chances de que ellos tengan las características que yo valoro en una persona, que yo también les guste y que a parte quieran lo mismo que yo, son muy bajas. Por esto mismo es que hoy, cuando me atrae un hombre y al mismo tiempo me genera ternura, trato de aprovechar mi oportunidad de acercarme de alguna forma. Porque no es tan común que me pase ese sentimiento.


Por último, a raíz de este tercer cambio, mi forma de ver el deseo cambió. Como expliqué, antes me dejaba llevar por lo superficial. Ya conté el recorrido de mi sexualidad y con eso también vino el “chapar porque si”. No porque quisiera o tuviese ganas de estar con la persona que se me acercaba sino lo sentía más como algo que yo tenía que hacer por estar en un contexto de fiesta. Nunca se lo dije a nadie pero realmente nunca chapé con alguien el cual yo realmente quería chapar. Yo me dejaba llevar por el ambiente y la espontaneidad que me olvidaba que yo podía decir que no. Tampoco que fui una loca y chapé con millones de personas. Pero masomenos, chapaba con cualquiera que se me acerque y se interese en mi aunque yo no los encontrara tan lindos. 


Cuando yo me volví consciente de esto, dejé de decir que si porque si y empecé a cerrarme un poco porque ninguna oferta me generaba chispa. Yo entendí que justamente mi personalidad no se enciende por un chico que vi una vez en mi vida sino por algo gradual que se va construyendo de a poco con el tiempo. Por parte, esto lo encuentro positivo y genuino, pero por otro lado es medio desgastante no poder divertirme momentáneamente porque no siento algo por la persona. Esto no quiere decir que yo no sienta atracción y simplemente atracción sin ningún tipo de sentimiento romántico por nadie nunca. Pero a mí sólamente me gusta acercarme a quienes me generan tanto atracción como ternura. Tiene que ser algo en conjunto porque si es sólo atracción, entonces yo no muevo ni una ficha hacia la persona. 


Este problemita, más los hombres que no se me acercan directamente, hizo que yo no chape con nadie por casi tres años ya. A veces me da bronca porque extraño tener un momento así con alguien, pero al mismo tiempo, nunca se me dió estar con alguien con el que yo quisiera estar. Es medio irónico que estos dos años estuve recibiendo mucha más atención que años anteriores pero no haya tenido acción. Me imagino las personas pensando que yo tengo una fila de pretendientes y un montón de opciones esperando a que yo les responda. Tan solo si supieran que las opciones no existen por que tienen miedo de aparecer.  


Pero bueno, entendí que no hay nada que yo pueda hacer. Ya hablé de que cuando tomo la iniciativa, los hombres se asustan y si ellos tampoco hacen nada, entonces yo me quedo en la nada. Es raro escuchar chicas contarme sus líos amorosos o sexuales y yo siempre ser espectadora. Escuchar como casualmente estando en el tren un chico se les acercó y las invitaron a salir. Ver como están siempre de persona a persona, de cita a cita. Y yo preguntándome ¿qué es lo que ellas tienen que yo no tengo?. 

Comments

Popular posts from this blog

Buen provecho

A tiempo

El último regalo