La última exposición: Aprender a decir basta
La última exposición: Aprender a decir basta
Ya hablé bastante de vínculos, pero hay un tipo de vínculo que todavía no toqué. En textos anteriores hablé bastante sobre varios encuentros desafiantes con hombres que tuve a lo largo de mi vida. Obviamente, no me alcanza el tiempo para mencionar a CADA hombre que me arruinó la psiquis, pero sí mencioné algunos de los más indignantes. Claro, yo hice hincapié en historias de amistades o amores, pero esos tipos de relaciones no son las únicas en donde un hombre trata de pasarme por encima. Hoy voy a dedicarle un texto a los profesores. Porque parece que en los vínculos cercanos o la vía pública no les basta en arruinarme la vida, también me la tienen que arruinar académicamente.
En el colegio siempre fui re aplicada. Tampoco era la alumna estrella abanderada, pero sí me iba bien. Por suerte, nunca se me complicó entender lo que se explicaba. Me bastaba con una explicación y listo. A veces, la gente que dedicaba su vida al estudio me daba mucha pena. Me acuerdo que habían personas que para estudiar para una prueba dedicaban como seis horas de estudio por día por una o dos semanas. Yo era una hija de puta. Había materias donde yo estudiaba TRES días antes. Y lo peor, es que me sacaba de ocho para arriba. Y esos tres días, yo no dedicaba más de dos horas al estudio. Vivía al pedo. Incluso en materias difíciles como matemática, a mi me chupaba un huevo todo. Había gente que empezaba a estudiar dos semanas antes. En cambio, yo estudiaba como cinco días antes, los primeros días hacía ejercicios y los últimos, sólo memorizaba la fórmula. Re pajera. Pero mágicamente, me servía. Claramente no siempre me funcionaba esa táctica. Pero como todos los ejercicios repetían el mismo procedimiento de pasos, yo decía ¿para qué me la voy a pasar haciendo ejercicios por horas, si todos tienen la misma fórmula?.
Además, en mi colegio que ya expliqué que era muy exigente, te obligaban a dar exámenes internacionales de la universidad de Cambridge, los igcse. Estos exámenes eran medio un quilombo porque tenían tres instancias. Los exámenes oficiales, tenían dos partes que se hacían en distintos días. Pero un mes antes, el colegio nos hacía hacer el famoso “mock”. El mock es básicamente un simulacro del igcse, pero este lo corrige la profesora de esa materia. Lo importante y estresante del mock, es que se llevaba la mitad de la nota del segundo cuatrimestre. Osea, si te iba para el orto, ya estabas pisando diciembre. Eran los dos meses más estresantes de tu vida porque tenías cuatrocientos exámenes en tan poco tiempo. Claro, había gente que se mataba estudiando. Por mi parte yo andaba en un cumple. Me acuerdo que todos estaban estresados y yo tipo, ¿qué pasó?.
Para el examen de matemática, que a parte era en inglés, había dos opciones. Un examen era más largo y tenía temas que no habíamos visto, pero te daba un rango de calificación más extenso donde podías sacarte una A. El otro era más corto, tenía todos los temas que vimos, pero la nota más alta que te dejaba sacarte era una C. ¿Obviamente qué hizo esta planera?. Me anoté al más corto. Lo peor es que me saqué una C. Tranquilamente podría haber apuntado a más calificación pero era obvio que yo no me iba a esforzar ni un segundo en aprender sola los temas que nunca ví. También me acuerdo que en el igcse de literatura en inglés, estaban incluídos como dos libros y como veinte cuentos. Todo el mundo andaba estudiando para hacer los ensayos. A parte yo no entendía qué chota estudiaban. ¿Cómo estudiás un libro o un cuento?. Mientras todos se estresaban, yo fui a pelo. No abrí ni una vez los libros, sólo tenía lo anotado en clase en las hojas y me saqué una A. Aparte, eran re estrictos con las anotaciones, y no te dejaban tener nada anotado. Yo aparte de ir a pelo, iba con los dedos cruzados de que no me revisen el libro. A otra gente sí se lo revisaron y los obligaron a borrar todo en ese mismo momento. A mí sí me lo revisaron una vez, pero yo fui inteligente y borré sutilmente el lápiz, aunque aún así quedaba la marca de lo que estaba escrito. Otras veces me chupó un huevo y fui con todo anotadito. Literalmente, yo me entregaba al destino. Por suerte la rueda siempre giró a mi favor.
Pero bueno, cuestión, entendía rápido, estudiaba poco y me sacaba buenas notas. Así fue mi trayecto en el colegio. Esto no quiere decir que yo nunca haya ido a diciembre. Había materias que yo ODIABA y casualmente, esas me llevaron a estudiar con treinta grados de calor. En mi vida fui cuatro veces a diciembre. Una vez fue por biología, otra por environmental management (un invento pelotudo del colegio para decir “biología y geografía combinados en inglés”) y matemática dos veces. Mientras que con uno puedo decir “sí, la verdad no entendía un choto”, los otros dos fueron caprichitos del profesor. Casualmente, dos son hombres y ambos tenían actitudes parecidas hacia mí. El profesor de biología era un tipo raro. Bueno, por algo es profesor de biología, pero era un muchacho bastante loco. Tenía una forma de explicar que a casi nadie le servía. Era gracioso y explicaba las cosas de esa manera, pero era muy poco serio. Entonces, si explicaba todo en metáforas graciosas, claramente que cuando se ponga serio en la prueba, no ibas a entender nada. Yo lo despreciaba un poco. Sus clases aunque divertidas, no me ayudaban a aprender y después en las pruebas SIEMPRE me ponía un seis con una carita triste. La concha de tu madre. Así fue, como por primera vez, yo debuté diciembre.
La última vez, fue matemática en último año. Durante el año yo oscilaba entre buenas y malas notas. Entonces estaba bastante ambigua mi situación. A fin de año, en la integradora, entraban todos los temas vistos y un “tema” más que se llamaban “integrales”. Las integrales eran ejercicios que combinaban muchos temas. Yo había aprobado todos los ejercicios menos el ejercicio de las integrales. Me acuerdo que dos chicas estaban en mi misma situación, les había ido maso menos en el año y en la integradora tuvieron problemas con este ejercicio de mierda. Acá el profesor hizo lo que le pintó y sólamente le dió oportunidad a ellas dos de hacer un ejercicio rápido de integrales y no ir a diciembre. A mi me mandó igual. Me acuerdo que cuando iba a las clases en verano, todos me preguntaban qué tema tenía que recuperar y cuando yo les decía “integrales”, me preguntaban por qué yo estaba ahí. ¿QUÉ SE YO?. PREGUNTALE AL PELOTUDO DEL PROFESOR. Me daba una bronca. Porque era practicar los mismos tres ejercicios ya que no había mucho para hacer. Y lo que más me daba bronca de mis experiencias en diciembre, era que yo aprobaba de una. Todos teniendo que recuperar por segunda vez y yo iba, rendía y aprobaba. Osea, ¿por qué yo estaba ahí si entendía?. Andá a saber. Yo creo que a propósito me daban menos oportunidades que al resto. Con environmental management me acuerdo que había varios que estaban al borde de diciembre. En las últimas clases, la profesora organizó una especie de ronda donde todos traían un tema y presentaban una especie de ensayo. La hija de puta (que es hermana del profesor de matemática, osea es algo de familia ser forro), aprobó a unos chicos que apenas sabían hablar inglés y a mi me mandó a diciembre. Por último, esa primera vez que yo desaprobé matemática (que era otro profesor distinto al de último año), fue la vez más merecida. Nos habían enseñado temas bastantes complicados y el profesor no ayudaba mucho. Explicaba rapidísimo y se la pasaba boludeando con los varones como si él fuese un estudiante más.
Algo que tenían en común estos tres profesores hombres era que parecía como si no supiesen interactuar conmigo. Con la mayoría de la gente hablaban normal pero conmigo había un temita. Es como que les daba miedo dirigirme la palabra. Igual yo nunca le di bola a esto pero comparándolo con otras experiencias me di cuenta de algo. Me llevo mejor con los profesores que son más sensibles y empáticos. Incluso la sexualidad o la edad no tiene nada que ver. Había un gay de veintiocho años que era ODIOSO. Era tremendo narcisista, contaba sus problemas en clase, usaba palabras que ni él sabía qué significaban para explicar algo. Cualquier cosa. Cuando se fué del colegio yo estaba re feliz. Aparte después vino una mina que era re empática y muy profesora de jardín. Me daba pena. Ella no sabía que se estaba metiendo en un colegio que iba a irrumpir su felicidad. Me pregunto qué será de ella. Si se salvó a tiempo o ya está amargada.
Cuestión, llegamos a la actualidad. En la facultad, me sigue yendo bien. Es más, creo que hasta mejor que en el colegio. Pero obviamente no pude escapar de los profesores de mierda. También hubo profesoras de mierda, pero al menos su personalidad no afectó en la nota final que ponían. Por ejemplo, en el Cbc la profesora de IPC era una boluda, pobre. Me caía bien pero explicaba muy poco y los multiple choice que hacía eran así: ¿Cuál de estas comidas es una fruta? Opción A: Manzana, opción B: Banana, opción C: Frutilla, opción D: Ninguna de las anteriores (solamente una opción es correcta). Todos sus multiple choice me hacían cuestionar mi vida. Yo me preguntaba si había estado yendo a una clase que no era porque nada tenía sentido. Para mí, todas las opciones tenían algo que sí iba con lo que preguntaba.
Después en antropología, había una profesora bastante complicada. Tenía una personalidad imponente y era la típica que daba miedo preguntarle algo o responder lo que ella preguntaba porque te iba a decir en otras palabras que eras una pelotuda, que lo que dijiste es totalmente incorrecto y que por favor te bajes de la carrera. Una vez, un demonio entró a mi cuerpo y me hizo hacer lo peor que podía hacer. Habían pasado dos semanas de que no teníamos clase por el parcial y los paros. Ella preguntó si habíamos leído el texto que tocaba para esa clase que estaba disponible desde hace quince días para leerlo. Yo, como toda muchacha inteligente, dije que no. Acá la profesora empezó a dar un speech de como quince minutos de que teníamos que leer los textos, de que estaban disponibles hace un montón, de que después se notaba en los parciales quiénes leían y quiénes no. Yo no me tomé muy a pecho el discurso. Era su obligación como profesora cagarme a pedos. Y esa no era la primera vez que yo no había leído algo, pero expresarlo sí fue la primera vez. A parte, considero que el hecho de leer el texto, no te garantiza que entiendas la materia y mucho menos que apruebes un parcial. Está muy mal admitir esto, pero hay muchos textos que no los leo. Aún así, nunca fue un problema que afectara mi nota. Entonces, tuve ese mini beef con ella pero a pesar de haber quedado marcada, ella nunca corrigió por nombre y apellido. Esa materia la cerré con un ocho y promocioné. Medio que le cerré el orto.
En fin, las profesoras extrañas también existen pero ellas siempre fueron justas con la corrección y las calificaciones. Pero ellas no suelen ser el problema mayor de mi cursada, los profesores sí. En economía del Cbc, había un señor bastante peculiar. Era otro medio egocéntrico, explicaba las cosas en cinco minutos y te las explicaba como si vos fueras ministro de economía. Yo también tuve beef con él. Bah, él tuvo beef conmigo. Él nos mandaba a hacer ejercicios y nos los corregía. Hubo un ejercicio específico que yo no le estaba agarrando la mano de ningún lado. En todas las correcciones me ponía que estaba mal, que no era así, me ponía un signo de pregunta o una cruz. De mucha ayuda, como podemos ver. Claro, yo empecé a recurrir al campus, al libro, a videos de Youtube, a Chatgpt, incluso al novio de mi hermana que estaba viendo lo mismo que yo en ingeniería. No había chance de que yo encontrara la manera de hacer eso como él pedía. Yo lo bombardeaba con nuevas versiones y con mails. Todas estaban mal y yo me desesperaba. Ya llegaba un punto donde uno decía “bueno che, decime cómo hacerlo y listo”.
Pero no, el señor en una clase virtual dijo que una tal Florencia no paraba de mandarle mails porque no entendía cómo hacer un ejercicio. Y preguntó abiertamente a la clase si alguien podía decir la fórmula que había que usar. Alguien dijo la fórmula, yo la anoté, pero esa fórmula era la que yo estaba usando. Entonces lo bombardeé con un mail más. Acá el señor se rindió y me dijo que era lo que me estaba faltando. Todo un quilombo por no querer decirme qué chota estaba haciendo mal. Aparte esa fórmula la había dicho UNA vez en su explicación de dos minutos. Lo peor es que él no solía usar el pizarrón, así que la explicación era toda hablada y por alguna razón parecía que hablaba con una papa en la boca. Entonces andá a saber todas las cosas que yo me perdí de la clase porque no entendía lo que estaba diciendo. Después de esa situación, fue el primer parcial. Él tomó lista para saber quiénes estaban y cuando llegó a mí, me preguntó si yo era la famosa muchacha de los mails. Yo me reí un poquito y le dije que sí. En ese momento, yo pensé que sólo eso me iba a decir, pero el señor ese día eligió la violencia. Para un poco de contexto, nosotros nos comunicabamos a través de Classroom y él nos pidió que nos pusieramos una foto de perfil con nuestra cara para identificarnos. El señor le pintó decirme “perdón, pero no te pareces en NADA (hizo énfasis en esta palabra) a tu foto de perfil”. Osea señor, ¿usted me está diciendo catfish?. Además me dijo “perdón, pero”, tipo “no te quiero ofender, pero”. Como si un señor de sesenta años me va a arruinar la autoestima a mi. Yo no dije nada, por suerte acá el diablo no quiso que yo respondiese. Pero me dió gracia ya que había gente que tenía una foto de perfil corte 2016 con un filtro de Snapchat que le tapaba toda la cara.
Después de eso, las clases siguieron normales y cuando fue la entrega del primer parcial, el que quería se podía quedar a una devolución individual. Yo me quería quedar y estaba cagada porque no sabía si me iba a empezar a bardear ahí mismo. Era mi turno, yo pasé a su escritorio y el señor me empezó a hablar como si yo fuese su mejor amiga. Se reía conmigo, me hacía chistes, estaba tranquilo, me hablaba bien. Literalmente era un enemies to lovers. Igual, más allá del comentario mala leche y toda su persona extraña, el señor era bastante irónico y tenía un humor destacable. Con el señor no tuve más beef, y a pesar de nuestro encuentro, como los parciales eran multiple choice, digamos que no había un criterio de evaluación subjetivo. Pero este año, en el segundo cuatrimestre, me tocó el peor profesor del mundo.
¿Cómo empiezo a hablar de este hombre?. Realmente quisiera poner su nombre y apellido pero, teniendo en cuenta un proceso por el que estoy pasando que después voy a mencionar, no quisiera exponerme de más. En mis textos siempre hablo con sustantivos, adjetivos o con nombres pero hasta ahí. Este pelotudo se merece que pongan un cartel en el obelisco diciendo que es un tarado. Pero en este caso, vamos a llamarlo Pepito. Yo ya hablé de su clase en otro texto. Una vez mencioné que en una materia había un chabon de treinta años que no paraba de mirarme y que yo me preguntaba si se lo cogía al profesor. Bueno, el profesor en cuestión es Pepito y la materia PCPC. Un adelanto a esta situación que voy a contar, es que básicamente me sentí manipulada por tres meses de cursada. Este muchacho me hacía pensar que yo no estaba entendiendo nada de la materia cuando literalmente la mayoría de los temas los había visto cuarenta veces en el colegio en español Y EN INGLÉS, y otras cuarenta veces en el Cbc.
Todo empieza al principio de la cursada. Yo estaba tranquila, sin muchas expectativas sobre él o la materia, sólamente con la idea de que era una materia de relleno y que los temas ya los había visto. Al principio a mi me daba igual Pepito, no pinchaba ni cortaba. Si me parecía un tipo muy ansioso y en un momento yo les dije a mis amigas que tenía una teoría de que era drogadicto. Tipo de esos que de viernes a domingo van a una fiesta tecno y se drogan. Nunca lo pude confirmar o negar. Cuestión, no pensaba mucho de él. Pero con el tiempo, sus fallas salieron a la luz. Todo empezó dos semanas antes del primer parcial. En el campus había un foro de preguntas sobre el primer parcial y yo mandé un mensaje por ahí para preguntar qué textos entraban. Lo que pasaba era que al haber un montón de paros, las clases teóricas estaban desfasadas de las prácticas y nadie entendía mucho en dónde estábamos parados. A todo esto, Pepito no respondió y nunca nos dio un mail para contactarlo. Entonces, el día que lo ví en persona, yo le pregunté si había visto mi mensaje porque no me había respondido. Él chabon me dice con un tono de voz como medio pasivo agresivo que SIEMPRE usó conmigo, que “se supone que las dudas que tenemos se hacen en clase por si alguien tiene la misma pregunta”. Súper válido, pero tampoco puedo esperar dos semanas para verlo en persona (ya que los paros o los feriados nos hacían perder muchas clases) y aparte no puede ser que no me pueda comunicar con él por fuera de la clase. Yo siempre a sus respuestas sacadas del orto, le hacía una cara de que yo no estaba de acuerdo con la pelotudez que me decía. Como cuestionando y sospechando de su respuesta. Ese mismo día, Pepito al final de la clase dice “chicos si tienen alguna duda mándenme un mensaje por el campus”. Totalmente irónico. Esto me daba gracia pero después de un tiempo me agarró una bronca tremenda y ya no era gracioso sino desesperante. Yo todavía sigo debatiendo si este momento fue en donde Pepito me fichó para mal o si lo que voy a contar a continuación fue el detonante final.
Después de esa situación, empecé a no confiar mucho y a observarlo más atentamente. Pero nunca pensé que esta situación iba a escalar a lo que fué más adelante. Llegó el primer parcial, yo sabía que no fue el mejor parcial que di en mi vida pero si estaba segura de que al siete llegaba. Aparte era un parcial que él constantemente nos pedía que mientras más desarrollo mejor, y esa es mi manera de afrontar parciales así que estaba en terreno conocido. Escribí seis carillas y lo entregué confiada. A todo esto estaba medio preocupada porque para promocionar sí o sí tenías que tener un siete o más en ambos parciales. Cuestión, la siguiente clase empieza a entregar y casualmente me lo entrega a mi primera. Veo la nota y me había sacado un seis. Yo estaba re caliente porque mientras leía las correcciones me daba cuenta de que habían cosas que no me cerraban. La mayoría de las correcciones eran “falta desarrollar” o su famosa frase “profundizar y precisar”. Además, ¿a qué mierda se refería con precisar?. La definición de precisar: “Fijar o determinar de modo preciso”, algunas palabras similares son “especificar”, “detallar”, “describir”. Osea, lo que yo ya había hecho. Otras eran diciéndome que no había desarrollado un concepto cuando literalmente en la siguiente frase lo desarrollaba. Otra fue terrible, puse algo dicho en teóricos y me lo puso como incorrecto. Osea, dos profesores hablando del mismo texto y del mismo concepto, pero como a él no le parecía, me lo puso como mal.
Obviamente yo no me iba a retractar y al final de la clase, él dejaba un espacio para que el que quiera podía aclarar sus dudas sobre las correcciones. Con mis amigas nos quedamos hasta que se fueran todos y nos acercamos. Yo fui primera y ya andaba con un tono medio pasiva agresiva de la bronca. Le empiezo a apuntar cada corrección que no me parecía y sus justificaciones eran más boludas que la corrección. Por ejemplo, cuando le dije que yo sí había explicado el concepto me dijo “bueno, pero falta más desarrollo” o cuando le dije lo de los teóricos respondió “igual yo soy el profesor de prácticos”. ¿Osea me estas diciendo que voy a los teóricos dos horas a la semana al pedo?. Un boludo. Igual yo ese día estaba medio atrevida y sin pensarlo en una corrección le dije “acá sí tenes razón”. Aún así, no me arrepiento. Se merece saber que corrigió para el orto. Después de que mis otras amigas le pregunten sus dudas, Pepito nos dice a una y a mi que ambas teníamos seis, que “nosotras estábamos bien, que todavía teníamos chances de promocionar (cuando había dicho otra cosa al principio de la cursada sobre la promoción) y que había gente que la estaba pasando peor que nosotras”. Básicamente tratando de desviar la situación a un “otros la tienen peor” y “ustedes son unas exageradas”. Ese día algo cambió dentro de Lotso. Ya no fingía demencia sino que me di cuenta de que el profesor realmente tenía un problema y que por eso, me iba a hacer complicada la cursada.
Otra cosa, como digo, ese día de la entrega de los primeros parciales, Pepito cambió su speech con respecto a la promoción y ya no era algo donde había que sacar siete y siete en ambos parciales sino que simplemente había que promediar siete en total. También, empezó a decir algo que lo traía constantemente en TODAS las clases y no paraba de repetirlo. “Si hacen los ejercicios del campus tienen muchas chances de promocionar”. Esto va a ser más importante más adelante. En mi opinión, yo creo que él cambió el speech por dos cuestiones: una, la mayoría de la comisión se sacó menos de siete, y dos, no tiene un criterio de evaluación claro. Esto se hizo un problema gigante porque todo el tiempo se empezó a contradecir.
En esta contradicción venía un tema que Pepito tampoco parecía soltar. Yo estoy segura de que mi reclamo del primer parcial lo dejó procesando mucho porque cada vez que hablaba de los parciales, las notas y los finales, SIEMPRE me miraba a mi. Este pelotudo empezó a hablar todo el tiempo de que a él le gustaría que todos fuéramos a final y que opinaba que todas las materias deberían tener final obligatorio. Yo me quedaba en shock mientras escuchaba esto. Porque también mencionó que en su época él tuvo que rendir final para todas las materias. Ahí entendí que era un resentimiento caprichoso de él. El típico de “si yo sufro, todos sufren”. Al mismo tiempo, después de decir esto, decía “igual yo quiero que ustedes promocionen”. ¿Osea qué querés, que promocionemos o que vayamos a final?. Lo peor de todo es que justificaba que “ir a final nos iba a servir en un futuro para afrontar una entrevista laboral”. ¿Qué chota tiene que ver una entrevista laboral con un final?. No sabía que yo tengo que ir con un tema preparado y estudiarme como veinte textos para una entrevista laboral. Otra justificación pedorra que te daba para que su pasado estudiantil no resuelto pase por desapercibido.
Como dije, después del primer parcial algo cambió dentro de cómo yo afrontaba la clase. Me empecé a dar cuenta de que las clases no ayudaban mucho a entender los temas, perdíamos mucho tiempo y muchas veces él repetía lo mismo de los teóricos (irónico porque antes me decía que “él era el profesor de prácticos” como diferenciándose de lo que se dice en teóricos). La dinámica de la clase era siempre la misma. Introducía el texto de la semana con un ejercicio donde se discutía una consigna grupalmente y después cada uno respondía individualmente (los famosos “ejercicios del campus que voy a retomar más adelante), se abría debate para toda la clase, pasaba un grupo a exponer oralmente un concepto en un minuto del texto de la semana y después él explicaba. Lo que pasaba era que las exposiciones orales no duraban un minuto por persona. Duraban entre veinte y treinta minutos. Y después el pelotudo explicaba conceptos corte diccionario. No profundiza nada, sólo te tiraba la definición así a pelo y lo peor es que se apoyaba en la explicación de las exposiciones orales. Osea que si un compañero no había entendido una poronga, se ponía nervioso o se tardaba ochenta años para explicar algo concreto, cagaste. Y la mayoría, eran así. Pepito no tenía en cuenta que era la primera vez que algunos leían sobre ese tema y el chabon le entregaba su trabajo de profesor a nosotros. Cualquier cosa.
Entonces, yo iba a clase, anotaba poco porque no me servía lo que decía, y dejé mi bronca a un costado y me puse las pilas con los ejercicios que subía (aunque ya los hacía desde antes). Todo con la esperanza de que el chabon vea que yo sí me ponía a laburar. Spoiler, no sirvió de nada. Pero todavía no llegamos a esa parte.
Mientras avanzaba la cursada, los problemas se volvían más evidentes. Una vez hubo un paro de tres días consecutivos. Por el campus, una de mi grupo y después yo también, le mandamos por privado si esa semana había clase. ¿Adivinen qué pasó?. No respondió. Ese viernes tuvimos que ir con los dedos cruzados para que haya clase. Era un hijo de puta. Incluso había semanas que llovía como la puta madre y el chabon no confirmaba nada. Además, ni estaba teniendo en cuenta que hay gente que vive en la noma del orto y no es que en dos segundos está en la puerta de la facultad. Yo no la tengo tan terrible pero si conozco gente que está a dos horas y no puede decidir a último momento si va o no. Más al final de la cursada, había un feriado que él quería usar para una última clase virtual y cerrar notas y la materia. Aunque él lo mencionó anteriormente en clase, nunca confirmó nada, sólamente lo tiró como una idea pero que todavía no sabía qué iba a hacer. Nosotros teníamos clase los viernes. El pelotudo el jueves a las ONCE DE LA NOCHE avisa que iba a haber un encuentro virtual y puso el link del meet con una encuesta adicional. Tuvo suerte de que yo me acuesto tarde porque sino lo iba a buscar a la casa. Aparte, hoy en día todos andamos con el celular en la mano. ¿Qué le costaba escribir dos segundos un mensajito aclarando si había o no clase?. Parece que le costaba mucho, esto lo digo con doble sentido porque no conecta dos neuronas.
Entonces, Pepito vivía en una nube de pedo, se contradecía todo el tiempo y lo más importante, no tenía ningún criterio de evaluación. Acá se viene lo que más me indignó. En la MISMA clase con un intermedio de diez minutos el chabon te decía una cosa y después todo lo contrario. Al principio era “quiero que ustedes me desarrollen todo lo que pueden” y después “quiero que me pongan todo en una frase breve y directa”. Lo peor es que cuando desarrollabas, siempre faltaba algo. Nunca era suficiente. Yo pensaba “si le escribí seis carillas y me saqué un seis entonces para un diez le tengo que escribir un libro directamente”. Con esto mismo, salió un tema que cuando me di cuenta, se me iluminó el cerebro. Cuando fue la entrega del primer parcial tuve la chance de ver parciales que se habían sacado lo mismo que yo y también escuchar dos chicas que se sacaron siete y nueve. Los parciales con mi misma nota, eran bastantes cortos. Las personas habían escrito dos o tres carillas. Entonces, si se suponía que “había que desarrollar” porque poronga teníamos la misma nota. A parte él no ponía “esto que pusiste está mal” sólamente que había que explicar más. Por otro lado, las chicas que aprobaron dijeron que ellas cuando vieron el parcial lleno de correcciones rojas, pensaron que habían desaprobado y que no tenían ni idea porque el profesor les puso esa nota. Yo pensaba “ACÁ HAY GATO ENCERRADO”.
Eventualmente, después llegó el segundo parcial que constaba de dos instancias. Un trabajo en grupo presencial (que al final no tenía nota pero sí correcciones) y un trabajo práctico grupal. En este trabajo grupal, con mi grupo hicimos TODO lo que él pidió, era un trabajo sólido y bien trabajado. Pero como siempre, a Pepito nada le es suficiente y nos puso un CINCO. ¿UN CINCO?. Hasta donde yo sé, para que te pongan un cinco en un trabajo práctico, lo que escribiste tuvo que haber sido la poronga más grande nunca antes vista. Yo me re calenté con esa nota. Porque también, yo no estoy acostumbrada a notas así. Tampoco quiero hacerme la hija de Albert Einstein, pero a mi me va bastante bien en la facultad. La nota más baja que tuve (sin contar la mierda de esta materia) fue un siete. Entonces cuando veía las notas de PCPC, algo me hacía ruido. Porque yo sí entendía los temas. Entonces nada tenía sentido. Realmente PCPC fue mi momento humilde como alumna. Yo que estaba arrasando con las notas, de la nada tenía un seis y un cinco. Tocó bastante mi ego académico.
Llegamos al último viernes. En la clase virtual, Pepito iba por apellido diciendo la nota final sin una devolución individual. Para mi sorpresa, todo mi grupo y yo nos sacamos todas un seis, yendo a final. Además el pelotudo decía “les estoy haciendo un favor”. ¿QUÉ?. ¿Quién en su sano juicio diría “gracias profe por hacerme el favor de mandarme a final, te quiero mucho”. La bronca que me agarró. Estaba para revolear una silla. Lloré un poco, bueno un poco más que “un poco”. Y cuando me calmé, volví a mis sentidos. Además, había gente que terminó la cursada con un diez, como si el profesor no hubiese sido la persona más exigente del mundo durante tres meses. Incluso, en los ejercicios que él mandaba por el campus, todos tuvimos correcciones. Nadie se salvaba del “profundizar y precisar”. Entonces no me cerraba por ningún lado que alguien saque más de siete en la nota final. Y combinado con la corrección muy cuestionable de los primeros parciales, empecé a reflexionar más sobre lo que pasó.
Eso fue un viernes y el sábado ya estaba preparada para hacer algo que nunca pensé que iba a hacer. Armé un reclamo para mandárselo a la carrera. Yo tenía todas las razones listas, todos los problemas listados, todas las evidencias concretas como para hacer un reclamo formal. Ese texto fue de cinco hojas. Creo que fue una de las mejores cosas que escribí en mi vida. Le puse tanta pasión a explicar cada cosa con detalles y con justificaciones válidas. Ese reclamo no era sólo un reclamo para mi. Significaba salir de la pasividad, del miedo al qué dirán o al qué podrán hacer, de empezar a escuchar mi intuición cuando me dice que algo efectivamente está mal y es injusto.
Entonces ese sábado me la pasé como cinco horas escribiendo y perfeccionando el reclamo. Me acuerdo que le pedí ayuda a Chatgpt para que me corrigiera las partes que sonaban muy emocionales y muy subjetivas. El texto quedó perfecto y lo mandé al mail de la carrera. También, me hice la chupa medias, obviamente, y puse que mi reclamo “no era para generar ningún drama ni meterme en el trabajo de nadie sino para mejorar el ambiente facultativo y la enseñanza de la cátedra”. Escribí eso pero lo que realmente quería decir era “despidan a este pelotudo”. Posta no puedo creer que le pagan. Decí que los sueldos de los profesores son bastantes bajos. En este caso, Pepito se lo merece.
En el reclamo hice cinco apartados, mencionando cinco problemas y explicándolos, aunque también había temas que se superponían. Al final, solicité que alguien externo y objetivo revisara todo lo que hice durante la cursada y me ponga una nota acorde a lo que había hecho. También chamuyé bastante con la repetición constante de Pepito de hablar de los finales y la poca motivación que le daba al alumno para aprender y promocionar. Y bueno, también el hecho de que tanto mis amigas como yo, que fuimos de las pocas que le reclamamos el primer parcial, casualmente todas yendo a final. Era raro que cinco personas, todas del mismo grupo, terminen con la misma nota si se supone que el esfuerzo y dedicación es individual.
El punto en el que me explayé más fue el criterio de corrección inexistente. Ya hablé del primer parcial y del trabajo práctico. Pero también se re notaba que había mucho favoritismo y no todos fuimos evaluados con la misma vara. Por eso yo sostengo que a Pepito le dió bronca que yo no sea una pelotuda y me di cuenta de sus incoherencias, y para defenderse, se la agarró con mi trabajo. Creo que de todo lo que pasó, lo que más me molestó es que el chabon no supo separar su sentimientos con su rol de profesor. Antes, mencioné algunos profesores que tuvieron beef conmigo. Pero sí existieron los que sabían mantener su opinión sobre mí a parte. El hecho de que yo tenía que “ganarme” el corazón de Pepito para promocionar me generaba violencia. Yo no vengo a la facultad a caerle bien a nadie, vengo a aprender y recibirme. Es terrible que ya siendo ADULTOS, yo tenga que caerle bien al profesor para tener una cursada respetuosa y justa. Esta actitud me pareció muy de colegio. Cuando la profesora siempre tenía a su alumno favorito porque le iba bien. Acá ya estamos grandes. Pero parece que a Pepito le faltó más nesquik y danonino.
Cuestión, expliqué también que lo que él decía no cuadraba nada con lo que hacía. Para el final de la cursada me acuerdo que habían pocos que hacían los ejercicios del campus y mágicamente la mayoría promocionó y algunos con notas altas. Aparte, él insistía mucho en también hacer un ejercicio que constaba en crear un meme a partir de un concepto o autor. LE HICE TODOS LOS PUTOS MEMES Y SE LOS PASÓ POR EL ORTO. Estos ejercicios en clase van a ser más importantes en esto que voy a explicar ahora.
Ese reclamo lo mandé el veintidós de noviembre, osea ya hace un tiempo. Nunca obtuve respuesta, al principio trataba de tranquilizarme pensando que es fin de año y seguro tienen muchas cosas que hacer. Pero mientras más pasaba el tiempo, mis esperanzas iban disminuyendo. Entonces esta semana, el lunes entré a la página de la carrera y empecé a buscar mails para pedirles ayuda o consejos o que me digan si el reclamo lo tenía que mandar a otro sector. Me respondieron al toque y básicamente me dijeron “nosotros no nos encargamos de eso, esperá a que te respondan o andá a la facultad y charlalo en persona”. Estaba por hacer eso, ir a la facultad, hasta que pasó algo mágico.
En mis ultimas migas de esperanza, entro al campus y me fijo los mensajes. Cuando había sido la última clase virtual, yo le había mandado un mensaje por privado a Pepito preguntando cuáles habían sido los criterios de evaluación que usó para poner la nota final. Yo mandé el mensaje pensando que nunca me iba a responder pero sí lo hizo. Y yo nunca me enteré hasta ese momento porque no me había llegado ninguna notificación. Campus del orto. Al principio, yo decía “uy, que me responda no me sirve porque justamente en mi reclamo digo que nunca responde”. Pero mientras más leía y analizaba el simple mensaje que me mandó, agradezco que me respondiera. El chabon me había dado evidencia escrita y concreta de todo lo que yo mencioné en mi reclamo oficial. Literalmente, había pisado el palito. Yo lo sentí como un regalo del universo. Yo estaba al borde de rendirme y la vida me trajo este mensaje que confirmaba todo lo que yo pensé por meses. Esto no quiere decir que antes mi reclamo era inválido, pero es verdad que muchas cosas que mencioné fueron dichas en clase, osea que nadie de administración que lea eso, estuvo realmente presente para comprobarlo. Pero acá tenía evidencia escrita por el mismo pelotudo. ¿Quién diría que Pepito colaboró en su propio reclamo?. Muy generoso de su parte.
Gracias a esa respuesta, yo tenía más información nueva. Lo que Pepito consideraba como “criterio de evaluación”. Entonces, me mandé otro reclamo. La segunda parte. Aunque ese mail lo mandé hace poco y todavía no recibí señales de vida, yo sé que la facultad no me va a poder ignorar porque justamente hay un punto que hice que es gravísimo a nivel institucional.
Hablé de tres puntos. El primero, explico la falta de claridad en la influencia de los ejercicios del campus. Como dije, él siempre insistía en que los hagamos y lo decía de una manera que te dejaba entender que sí inlfuían directamente en la nota. Pero RECIÉN AHORA estos ejercicios supuestamente eran sólo “actividades complementarias para ayudar al alumno a comprender los conceptos trabajados en clase y así aumentar sus notas para lograr promocionar”. Literalmente en ese mail el chabon habló con un vocabulario demasiado formal como si fuese el papa cuando en persona por poco te hablaba como un villero. También menciono que él nunca aclaró esto. Y aparte, ¿por qué insistía tanto en que los hagamos si no tenían influencia directa?. No sólo eso, sino que estos ejercicios los hacíamos en clase. Hasta donde tengo entendido, las “actividades complementarias” nunca se hacen en clase y tampoco se llevan entre treinta y cuarenta preciados minutos si son opcionales. Otra cosa que Pepito va a tener que justificar. Por último, ¿por qué cuando mi amiga y yo le reclamamos nuestro seis, él vinculaba nuestra nota con “las chances de promocionar y hacer los ejercicios” si al final le chupaba un huevo si lo hacíamos o no?. Otra cosa que se sacó del orto a último momento.
En el segundo punto hablé de la ambigüedad en lo que era la promoción o no. En el primer párrafo de su mensaje, decía que la nota era un promedio entre el parcial individual y el trabajo práctico grupal. Que el promedio tenía que dar siete o más y que ambas evaluaciones tenían que estar aprobadas con siete o más como dice en el reglamento de la materia. Me da gracia que sacó “el reglamento de la materia” para hacerse el justiciero legal. Por si acaso yo fui a comprobar esto al programa de la materia y es así como dice. Pero acá está lo interesante. En el segundo párrafo, el muchacho, una vez más, se contradice. Osea el pelotudo realmente sacó el reglamento de la materia para hacerse el inteligente y al párrafo siguiente te pone que hizo algo, que va en contra del reglamento de la materia. Posta que tan poco inteligente tenés que ser como para no darte cuenta de que VOS MISMO estas diciendo dos cosas distintas. En este otro párrafo, puso que yo no promocioné la materia por el trabajo grupal que me impidió llegar al siete. Pero yo ya había sacado un seis, así que no iba a promocionar ni sacándome un diez. ¿Cómo es posible esto si, “COMO DICE EN EL REGLAMENTO DE LA MATERIA”, AMBAS evaluaciones DEBEN ESTAR APROBADAS CON SIETE O MÁS y acá me dice que sólo por el cinco del trabajo grupal no promocioné?. Tonto.
En el tercer punto, acá se viene lo grave. Porque la nota final, no coincidía con su propio criterio de evaluación. Recordemos que fue lo que dijo. Que la nota salió del promedio entre el parcial individual y el grupal. Mis notas tienen sentido, seis y cinco, queda un cinco cincuenta que se redondea a seis. Pero una chica de mi grupo, tenía un cinco en el parcial y aún así terminó con un seis. Osea que el chabon se sacó del orto un punto más porque le pintó. ¿Qué tan malo en matemáticas tenés que ser para ver un cinco y cinco y poner un seis?. Antes, yo dije que la nota parecía haber sido puesta grupalmente y que básicamente, si le generabas empatía, él te ayudaba con la nota. Aparte, la chica esta, escribía por el grupo que tenemos, que no sabía de dónde poronga sacó Pepito un seis si las únicas notas que ella tenía eran un cinco. Y que ella suponía que él había puesto nota por haber hecho los ejercicios en clase, algo que Pepito explícitamente deja a entender en su mensaje que sólo eran de ayuda.
Aca yo también me hice la indignada con que esto mostraba que tranquilamente pudieron haber muchos errores más con las notas finales. Obviamente aclaré que este foco en la nota de la chica no fue para cagarle la vida a ella sino para dejar ver que efectivamente él está loco y hay que revisar todo lo que hizo. Yo me propuse esperar un poco más, y si pasa más de una semana y no recibo respuesta, que se prepare la administración porque los cuarenta grados de calor no me van a detener en ir hasta allá y hacer presencia. A todo esto yo estoy segura de que sí leyeron mis mails pero todavía estarán evaluando algo o esperando a que alguien superior de el ok para avanzar con el caso. Me da mucha intriga qué piensan de lo que yo les digo. Tipo tienen un impostor entre ellos. Aparte a mi no sé si me importa tanto si lo echan o no. Es más, prefiero que se quede en la facultad pero que vaya todos los días con el culo fruncido porque se siente vigilado constantemente en cada cuatrimestre de su vida. Y que pierda toda credibilidad ante la facultad. Y que cuando sea año nuevo y todos hablen de sus logros de este año, él no tenga nada para decir porque se la pasó mandandose cagadas una tras otra.
Al hacer el reclamo, generalmente recibí respuestas negativas de mi entorno. Yo sé igual que no es porque piensan que yo estoy diciendo boludecez sino porque tienen miedo de que la facultad me eche o me marque de por vida. A mi me chupa un huevo. Yo sé que a la facultad no le conviene hacerme la cruz porque hago un hilo de twitter y se pudre todo. Además, siempre las instituciones prefieren lavarse las manos y no creo que se metan con un estudiante tan notoriamente. Y mucho menos teniendo en cuenta que la UBA está en el foco de los medios constantemente desde hace dos años. Entonces, no me da miedo meterme con una autoridad así de grande. Como alumna tengo derecho a reclamar injusticias y mínimo si un profesor se va a parar enfrente mio y se va a hacer el superior, que lo haga con coherencia y claridad. En el colegio no me animaría a hacer este tipo de reclamos, uno, porque nunca llegué a tal punto de impotencia y dos, porque era menor y no me iban a tomar en serio. Pero acá ya todos somos adultos y la edad claramente no justifica la inteligencia.
Lo más gracioso es que Pepito agarró a la peor alumna para hacerle esto y justo eligió el peor año para meterse conmigo. Digo esto porque otros se hubiesen quedado callados, como las chicas de mi grupo y también porque este año, como dije en otro texto, yo me desbordé bastante emocionalmente. Justamente en octubre, yo estaba teniendo que hacer muchos trabajos en grupo donde yo sentía que nadie ayudaba y yo sostenía todo, entonces ya la bronca estaba muy presente dentro mio. Un mínimo inconveniente y yo ya estaba estresada y quería mandar todo a la mierda. Y bueno, esta situación, más el pelotudo que me miraba todas las clases, no ayudaron mucho a calmarme. Así que Pepito recibió todo lo que acumulé en el año. Creo que esto fue como un fin de ciclo para mi. Como que abrí una nueva puerta a cómo afronto los conflictos y eso está bueno. Antes, yo me guardaba lo que tenía para decir y aceptaba la injusticia, ahora te escribo un reclamo de cinco hojas, más la segunda parte de dos hojas con fotito adjuntada sobre la estupidez que me dijiste.
Esta última reflexión sobre cómo cambié mi forma de afrontar las cosas, también me hizo evaluar la reactivación de mi blog. Entendí que mis textos, al ser públicos, permito que cualquiera pueda entrar en mi mundo, en mis pensamientos, en mis heridas, en mis cambios y en mis logros. Da la sensación de que uno “me conoce”. Pero no es así. Mis textos son parte de mi pero no son TODO de mi. Hay cosas que yo nunca mencioné. Cosas importantes para entender más a profundidad estas historias. Incluso hay detalles clave que omito escribir. No porque yo quiero manipular negativamente lo que cuento, sino porque son cosas incluso más privadas que muy pocos saben y no es que no las cuento porque yo quedaría mal, sino porque son cosas que a veces tocan heridas más profundas y expresan más el conflicto que me generó tal situación. También, hay muchas historias livianas y graciosas que me salteo. No todo en mi vida es trágico. Escribir sobre lo profundo no significa que mi vida sea triste. Significa que escribo donde más sentido encuentro. Que escriba sobre lo que duele no quiere decir que no sepa disfrutar. Quiere decir que cuando algo me hace feliz, prefiero vivirlo antes que narrarlo y lo elijo para la vida y no para el papel. La escritura no es un resumen de mi vida, sino un espacio donde elaboro lo que necesito pensar y comprender.
Esto mismo me hizo reflexionar. “Son cosas privadas que sólo pocos saben”. ¿Por qué mis “cosas privadas” son públicas?. Al principio lo pensaba desde un lado donde al exponer cosas que me pasaron, algunos se podrían identificar y podría ayudarlos a procesar lo que sienten. Pero ese no es mi trabajo. No es mi trabajo ser una constante catalizadora de heridas y tampoco tengo el poder de hacer que esa persona que se identifica se sienta mejor y supere lo que le pasó como yo lo hice. Comprendí que muy poca gente cambia de verdad. La mayoría, incluso con ochenta años, sigue arrastrando su niñez o su adolescencia. Ojalá pudiera hacer que todos ellos abran los ojos de una vez, pero capaz no quieren. Capaz prefieren su mundo. Aunque no los beneficie.
Irónicamente, cuando la gente me conoce, piensa que estudio psicología. Capaz porque se confunden con mi hermana, pero también creo que no es casualidad. El papá del novio de mi hermana, trabaja como terapéuta energético o algo así. Él es muy espiritual, muy intuitivo y él mismo creía que yo estudiaba psicología y que era raro que yo no estudiara eso. Él no me conoce tanto como para sacar esta conclusión. Entonces, ¿realmente qué ve la gente en mi?. ¿Por qué piensan que yo ayudo a las personas a tratar sus sentimientos cuando apenas muestro un poco de personalidad?.
Este año leí un libro, “Las mujeres que aman demasiado”. Es un libro de autoayuda que explora cómo las mujeres tenemos ciertos patrones que repetimos sin darnos cuenta y que eso hace que tengamos una vida vincular desequilibrada. Un patrón mencionado, ser la psicóloga de su pareja. La “salvadora emocional”. Cuando leí esto me hizo acordar a lo que yo misma hago en vínculos. Trato de entender y justificar empáticamente las actitudes de la otra persona todo el tiempo. Como si eso fuese a ayudar al otro a pensar en sus propios problemas y que de la nada tenga una revolución de quién es. Claramente, esta empatía no es totalmente normal. Por un lado, sí está bueno reconocer que lo que pasa no es problema de uno sino es una proyección del otro. Por otra parte, hay una sobre empatía que no es sana. Yo no debería estar pensando todo el tiempo por qué alguien hace o dice algo. Bienvenidos al mundo, todos estamos heridos. Todos tenemos problemas. Pero la forma en que uno afronta eso, ya es de cada uno. Entiendo que alguien pueda llegar a tener una vida complicada, pero eso al final del día no es una justificación válida para que yo tenga que recibir algo que no me corresponde. Yo no debería tener sobre empatía hacia alguien que no me puede dar lo mismo que yo estoy dando porque ellos “tienen una vida complicada”. Creo que muchas personas me eligen como espejo. Me tiran mierda, me sobrecargar, me sobreexigen, me sobreestiman, pero ellos no entienden que los espejos reflejan a la persona que se para enfrente de ellos.
Todos los personajes de mis textos proyectaron sus propios problemas en mi. El chico que me ghosteó proyectó su incapacidad de sostener un vínculo y su miedo al compromiso. Mi hermana y su novio proyectan su falta de profundidad e iniciativa al decirme intensa. El Mono y sus amigos proyectaron su inseguridad y miedo al rechazo. Octavio proyectó su miedo a verse mal y mostrarse emocional frente a su grupo de amigos. La profesora de voley proyectó su necesidad de control y perfeccionismo. El chileno proyectó su idealización al no sentirse a mi altura. El hombre observador proyectó su incapacidad para acercarse de una manera normal y sana. Camila proyectó su inseguridad física y sus problemas alimenticios. Catalina proyectó su necesidad de validación y atención social. Nicolás proyectó su ego herido a partir de mi distancia. Mis amigas de colegio proyectaron su necesidad de pertenecer por sobre la autenticidad. Mis amigas de la facultad proyectaron su herida de no sentirse escuchadas, valoradas y contenidas. Y estos profesores proyectaron su miedo a ser cuestionados como autoridad.
Todos tienen sus propias historias con sus capas. Pero la diferencia es que no son conscientes del daño que pueden llegar a hacer por sus temas no resueltos. De ahí sale mi consciencia y el discernimiento. Estas personas tuvieron suerte de que yo soy bastante madura y no expuse su verdad abiertamente. Pero lo que sí hice, fue exponer sus problemas internamente. A veces, funcionar como espejo no viene desde un lado agresivo de devolverle al otro la mierda que te hizo, sino de la no reacción, del desapego y alejarse en silencio, dejando que la otra persona reflexione a solas.
Yo creo que a diferencia de estas otras situaciones, lo que me pasó con Pepito fue que esta vez, sí me afectó su proyección. No a nivel personal ni emocional, sino a nivel que mi carrera estaba siendo afectada por lo que hacía. En otros casos, yo tranquilamente me podía alejar de la persona y seguir con mi vida. En este caso, él estaba teniendo una influencia directa sobre mi trabajo. Yo soy bastante supersticiosa y estoy segura de que la vida me puso esta situación a propósito para ver qué hacía yo cuando alguien sobrepasaba un límite que realmente afectaba mi camino. Creo que a nivel vincular, siempre hubo algún desafío, alguna lección o algún aprendizaje pendiente. Pero a nivel académico, nunca estuve al límite. Igual agradezco esta experiencia. También me deja en claro qué tipo de persona soy cuando alguien se mete con el esfuerzo que yo le pongo a las cosas que me importan. Para mi, la carrera es como mi bebé. Es un proyecto a largo plazo que con cada cursada lo voy alimentando y lo voy haciendo crecer de a poco. Y cuando un hombre que no sabe ejercer profesionalmente su trabajo se mete con lo que estoy creando, no me voy a quedar atrás. Considero que con Pepito, sin darme cuenta, repetí un patrón que tengo que soltar. El de dar más. Otra vez, me encuentro poniendo energía en un lugar que no me devuelve lo mismo. Y con mi blog y redes sociales, siento que también estoy reproduciendo este patrón.
Volviendo, creo que este año estuve bastante expuesta de muchas maneras. Algunas exposiciones las elegí yo, otras eran terribles ruletas rusas. Siento que pude explorar realmente los dos extremos, la privacidad y la exposición. Pude explorar los beneficios pero también la carga y responsabilidad que conlleva elegir una postura. Para el próximo año me gustaría aprender a encontrar el equilibrio. Al estar muy expuesta, termino cargando con cosas de los demás y al ser muy privada, me pierdo de experiencias que me hacen crecer. No hay que estar muy a la defensiva, pero tampoco hay que bajar la guardia por completo. Un equilibrio es lo más sano. Y por eso, después de estar en introspección durante estos días, decidí que este iba a ser el último texto que iba a poner público.
No voy a dejar de escribir, simplemente tengo que tener cuidado de con quién comparto mi mundo. No todo el mundo va a comprender quién soy yo realmente. No todo el mundo elige estar cerca mio y aprender de lo que yo ofrezco. Yo sé que el que quiera estar, va a estar y el que prefiera quedarse en su burbuja, se va a ir. Nunca voy a obligar ni forzar a nadie a quedarse. Eso es una elección propia, no algo que yo decida. Por eso, despido el blog con cariño. ¿Quién dice que en diez años no me mandó un terrible momento esquizofrénico y escribo un libro sobre mi vida?. Por ahora, prefiero elegir el descanso. Apagar un poco la mente y permitirme disfrutar del verano manteniendo la chispa de creatividad dentro de un entorno que sí quiera escuchar lo que tengo para decir. Cerrar este espacio no es cerrar una puerta definitivamente, sino dejar la llave a mano del que quiera cruzarla.
Como dijo Cerati, “poder decir adiós es crecer”. Y con este último texto, le digo adiós a mi patrón de dinámicas desequilibradas que ya no me representan, a personas que constantemente hacen propio lo que no me corresponde y sobre todo a la sobreexposición de este año. Es momento de elegir una vida mejor y un camino que se alinea con lo que nosotros realmente queremos. Pero no nos olvidemos que todo tiene su precio. Cuando elegimos, renunciamos a una vida que podríamos haber tenido por otra. Y vos, que estás del otro lado leyendo, ¿a qué le decís adiós?. ¿Cuál camino realmente está en sintonía con lo que querés elegir?. ¿Qué precio estás dispuesto a pagar por el camino que querés tomar?.
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