La frontera invisible de mi círculo: Entre amistades y enemigos
La frontera invisible de mi círculo: Entre amistades y enemigos
Hoy el texto es distinto. Dejo descansar al amor un rato. El tema que quería tocar son las amistades. En mi autobiografía yo mencioné que no soy de tener muchos amigos y nunca lo fui. Soy muy estricta con quien dejo entrar a mi vida de esa manera. Me doy cuenta muy fácil cuando alguien es mal amigo o persona. Hasta mis amigas de casi diez años no saben tanto de mí porque suelo ser muy privada y quisquillosa con lo que cuento. No porque no quiero que me conozcan, sino porque hay muchas cosas que siento que si las cuento, podrían generar reacciones negativas. Ya sea envidia o que yo les cuente un secreto y ellas van y se lo dicen a sus novios.
Capaz esto tiene que ver con mi problema con la vulnerabilidad. Todavía trato de mejorar. Pero como dije, me gusta ser reservada. Creo que hay algo lindo de la privacidad y es que la gente no puede encasillarte. Como no sabe exactamente quién sos, no puede describirte de una forma muy puntual. Yo estoy al tanto de que hay gente que no le molesta mi introversión y ese tipo de personas son las que mantengo cerca. Pero hay otras personas que no soportan eso, entonces terminan hablando mal de mi o simplemente teniendo una actitud negativa hacia mi. Esto claramente a mi no me importa. Nunca me molestó que la gente opine de quién soy porque siempre terminan proyectando su inseguridad en lo que dicen y hacen. Yo sé que no tiene que ver conmigo sino con ellos. ¿Entonces qué me va a importar a mi lo que diga una persona inmadura?.
Generalmente, la gente que no soporta mi silencio tienen todos la misma característica. Son personas que todo el tiempo buscan llamar la atención o buscan la validación social como un estímulo. Es como que son unos niños haciendo quilombo para que la mamá les de pelota. Yo odio ese tipo de gente. Y la mayoría de la gente es así. Mi círculo pequeño también sale de ahí. Muchos, al estar en ese juego social de la validación, no se dan cuenta de que pueden salir. A veces, yo les digo a mis amigas que tal persona no me cierra, que me genera un poco de sospecha su personalidad o las cosas que hace y ellas nunca lo entienden. Después pasan unos meses, esa persona eventualmente se manda una cagada mayor y ahí ellas captan lo que está pasando.
Considero que ese es un don muy especial mio. Poder adelantarme en lo que va a pasar. Soy muy consciente y muy observadora. Puedo reconocer patrones y gente que proyecta muy rápido. Muchas veces yo les trato de advertir a mis amigas que tal persona tiene algo raro y que tengan cuidado. Hubo una vez en el colegio en donde mis amigas y yo, incluímos al grupo a una chica, Camila. Esta chica ya había estado en otros grupos pero siempre se peleaban con ella y terminaba sola. Creo que esto era tremendo foreshadowing y claramente había una razón por la cual siempre ella quedaba fuera. Al principio, esta chica se llevaba bien con nosotras. Traía una energía distinta, más fresca, más rápida, más activa. Pero con el paso del tiempo, empezaron a aparecer las banderas rojas. Uno piensa que sólo en los vínculos amorosos hay banderas rojas, pero nos olvidamos que una amistad también es una relación. Camila empezó a tener actitudes bastantes chocantes con lo que es mi grupo. Nosotras éramos y lo seguimos siendo, muy tranquilas, cero conflicto, cero pelea. Ella, en cambio, era muy chispita. Pero todavía no llegamos a esa parte.
Primero, lo que yo notaba era que ella tenía comentarios que dejaban entrever su inseguridad física. No tenía un cuerpo hegemónico y en ese momento tenía problemas con la comida. En paralelo, ella tenía una vida un poco difícil. Los papás estaban separados, la mamá era muy desapegada y hacía la suya, y el papá era alcohólico. Con el hermano se llevaba bien, pero este se metió en muchos quilombos (que se hicieron virales) y a parte, era gay así que su sexualidad también tuvo un impacto importante y años después, cuando ella ya no era nuestra amiga, el hermano intentó suicidarse. Creo que después de leer esto nadie va a quejarse nunca más de su vida.
El tema es que Camila proyectaba mucho en otras chicas y en nosotras, sus mismas amigas. Una vez, estábamos en clase sentadas cerca de la puerta y una chica de otro curso apareció para avisarle algo al profesor. Estábamos a unos metros de la puerta y Camila tira un comentario muy mala leche. “Que fea que es Lola, pobre”. Yo me acuerdo que me quede helada. No me esperaba tal comentario, la chica literalmente era re hegemónica y a parte estábamos tan cerca que ella lo pudo haber escuchado. A mi no me cayó para nada bien, porque más allá del comentario horrendo, yo estaba pegada a la situación. Yo estaba sentada en la misma mesa que ella, en el mismo grupo, en la misma conversación. Y yo con ese tipo de actitudes no me junto.
Después de esto, empecé a estar más atenta a ella. Con el tiempo, ella soltó la careta y se mostró tal cual es. Los comentarios ya no eran sobre personas ajenas sino eran sobre sus propias amigas. Una vez, una de mis amigas estaba hablando sobre que no le gustaba su pelo, Camila expresó que estaba de acuerdo. Otra vez, ella sin ningúna razón le preguntó a una amiga si pensaba operarse la nariz. Otra, estábamos en una juntada y una de mis amigas hizo un chiste sobre que comió mucho y Camila, en voz baja y entre las voces y risas, la comparó con una vaca. Ese comentario sólamente lo escuché yo. Todas estaban distraídas pero a mi no se me escapa ningúna. Después ella empezó a contestar mal. Un día en clase, unas amigas estaban charlando sobre que una profesora solía tardar mucho en corregir y estaban debatiendo eso. Ella saltó de la nada, se metió en la conversación y empezó a decir cosas sobre la situación muy agresiva sin ningún contexto. Como si a ella le tocara el corazón el debate de las demás sobre los tiempos de corrección.
Y acá llegamos a la cereza del postre. Ya hablé de cómo iba bardeando a cada una. Obviamente, en algún momento me tocaba a mi. Primero es importante dar contexto de su vida en esa época. Habíamos vuelto de las vacaciones de verano y Camila se había ido dos semanas a Estados Unidos porque tiene una prima allá. Se descuidó tanto en esas dos semanas que volvió con diez kilos más. Esto no lo contó ella, su mamá se lo contó a la mía y ella me lo contó a mi. Esto hizo que Camila tenga que hacer dieta. Me acuerdo de ver sus almuerzos todos los días y era pura ensalada y verduras. Igual nunca me llamó la atención. La verdad que no me cambiaba nada si tenía una ensalada o una hamburguesa con papa fritas. Cada uno con lo suyo. Pero Camila no quería quedarse con lo suyo y empezó a comentar sobre lo que yo hacía.
En los almuerzos ella empezó a estar muy atenta sobre lo que yo comía. Una vez me dijo “¿sólo eso vas a comer?”. Yo tipo, ¿qué te parece?. ¿Ves un cacho de carne mágicamente apareciendo en mi tupper?. No. Entonces si, eso es “sólo” lo que voy a comer. Después hubo otra situación que fue el detonante de mi decisión de alejarme de ella definitivamente. Estábamos almorzando. Éramos como ocho chicas en la mesa. Yo tenía fideos, ella una ensalada. Todas tranquilas comiendo y tira “ay Flor, yo no sé cómo haces, yo nunca podría comer tantos carbohidratos”. Más allá de lo desubicado del comentario, ¿cómo me vas a tirar la palabra CARBOHIDRATOS?. Yo no estaba enterada que apareció una nutricionista en el colegio para atenderme. Catorce años teníamos y esta pelotuda hablando de carbohidratos teniendo chicas anoréxicas en la mesa.
Yo ya sé que fue todo proyección. Me acuerdo que todas sin pensarlo saltaron a defenderme. Justo había una que tenía tremendo beef con ella y aprovechó para decirle de todo. En dos segundos, Camila estaba con el orto fruncido comiendo su ensaladita en silencio. Hay que tener algo en cuenta acá. Justamente, las mujeres son más propensas a tener un problema alimenticio. Especialmente anorexia y cuando están en plena adolescencia. En mi colegio había varias chicas que pasaron por esto ya sea en primaria o secundaria. Osea, era un tema recurrente y no algo para andar jodiendo. En mi grupo de amigas, dos tuvieron anorexia. Camila, sabía que esto estaba pasando y aun así tiró el comentario.
Yo siempre fui flaca. Es pura genética y a parte, cuando era bebé nací con un problema que dejó huella en mi alimentación. Mi esófago estaba siendo apretado por dos tubos de respiración. Creo que lo estoy explicando para el orto, no soy médica. Pero cuestión, mi esófago no tenía la vía libre. Entonces, cada vez que comía algo, costaba pasarlo y eso hacía que me duela el pecho. Esto hizo que yo coma mucho menos y por lo tanto, mi estómago también se acostumbre a menos comida. Con los años, naturalmente este problema se arregló, pero todavía sigo comiendo relativamente poco. Tampoco tanto, pero si me lleno más rápido que la persona promedio. Claramente, Camila qué va a saber de esto. Ella solo veía una mina flaca y ya se ponía a la defensiva.
En ese momento, no me afectó la crítica. Es más, las críticas nunca me llegan. Alguien puede decirme que soy la chica más fea del mundo o que soy la persona más tonta que existe y yo no voy a andar llorando. Me quedo tranquila con que la gente que dice esas cosas tienen vidas que yo nunca quisiera tener. Por esto mismo, honestamente le agradezco a Camila dos cosas. Una, me enseñó lo que NO es una amiga y dos, agradezco que me eligió a mí para ese comentario. Ella agarró el tema más fuerte y controversial y lo proyectó en la amiga a la que más le chupaba un huevo. Yo no me imagino lo que pudo haber sido si esto le llegaba a otra de mis amigas. Yo sé que ellas son más sensibles a la crítica en general y eso les pudo haber destruido la vida en un segundo.
Muchas veces me pasa de pensar esto. De qué agradezco que ciertas personas tengan malos tratos conmigo y no con ellas. Tremenda mamá luchona. Cuidando de los más vulnerables. Pero yo sé que hay gente mala en este mundo y sé cómo mantenerme en eje sin que me afecte. Es mucho mejor que lo malo me llegue a mi, así ellas no absorben tanta mala energía. Yo también sobrepienso mucho como ellas, pero al final del día, yo capto más rápido que el problema viene del otro lado.
Yo siempre fui muy considerada con el tema de la imágen y autoestima. Cuando yo iba a otro colegio en primaria, una vez mis amigas tuvieron la pésima idea de decir cuánto pesaba cada una. Yo era la más bajita y como digo, siempre fui flaca. Entonces mientras que ellas tiraban que pesaban entre treinta y cinco y cuarenta kilos, yo pesaba sólo veinticinco. Yo en ese momento evité decir mi peso. Me quedé callada mientras escuchaba cómo ellas discutían. Yo sabía que si yo decía mi peso ellas se iban a sentir mal sobre sí mismas y que cualquier participación mía en esa conversación podía generar nuevas inseguridades y problemas alimenticios. Nueve años tenía. Tan solo nueve años y ya sabía que no tenía que hablar del peso. Que no tenía que hablar de cuerpos. Nadie me enseñó eso. Simplemente siempre tuve la consciencia y empatía de cómo un comentario podría arruinar el día de alguien.
Camila no fue la única que me mostró amistades de mierda. En 2022, conocí a un grupo, “Bondiola”, que son amigos de una amiga. Desde ese primer día yo sabía que eran personas muy complejas y complicadas y no eran gente copada como para mantener cerca. Pero mis amigas no opinaron lo mismo. Ellas se llevaron bien con ellos y el año pasado empezaron a juntarse más seguido. Ya para este año, son más cercanos. Desde hace tiempo evito las juntadas. Ya marqué mi distancia saliendo del grupo que teníamos y no interactuando con ellos cuando los veo en eventos.
No sé ni cómo describirlos. Parte porque son todos tan iguales y tan distintos al mismo tiempo. Pero todos tienen algo en común. A todos les encanta la atención y la validación. Son personas muy inmaduras y muy inseguras. A veces me enojan mis propias amigas. Ellas saben que estas personas son complicadas, que tienen sus cosas controversiales y que pueden no ser tan buena gente, y aún así se quedan. Como si fuese una relación tóxica. Pero como digo, ellas son más sensibles a todo esto de “encajar”. Entonces con tal de que este grupo no me joda a mí, si ellas quieren fingir demencia, que se les cumpla su deseo de pertenecer.
Este año, como dije, se hicieron más cercanos. Esto trajo mucho debate interno para mi. Yo estaba perdiendo tiempo de calidad con mis amigas y todo el chisme porque no quería estar cerca de Bondiola. Aparte, con la facultad y con el hecho de que algunas trabajan, se hizo más complicado juntarnos seguido. Y las veces que había un momento compartido, este grupo estaba incluido. Como es de esperar, Bondiola nunca supo integrarme. Incluso cuando yo sí iba a las juntadas. Es más, no es que nunca supieron sino que nunca intentaron. Son ese tipo de personas que se encierran en su grupo y tratan a toda persona externa como un alienígena.
Me acuerdo que en abril fuimos a la Bresh y uno de ellos había invitado a una amiga paraguaya que había venido de visita. El chabon la dejó sola toda la noche y los otros pelotudos apenas le hablaban. Esa noche también vino una chica de mi colegio que tiene buena onda con nosotras. Cuando ya estábamos volviendo en uber, ella dijo algo clave. “Me cayeron re mal los amigos de Lola. No me dieron bola en toda la noche, ni hablaron conmigo o se interesaron en incluirme. Son re cerrados”. Ese momento fue como que bajó un ángel del cielo y me dio un beso en la frente. Hace AÑOS yo veía este comportamiento y como a mis amigas si las querían, yo no tenía pruebas concretas.
Esa confirmación fue un momento importante para mi debate interno. Además, estaba empezando a pasar algo que ya iba en contra de todos mis valores. Como siempre, alguien tenía que agarrárselas conmigo. Esta vez fue una chica, Catalina. Muy egocéntrica esta muchacha. Hasta la misma Lola, que es amiga de ella hace años, me dijo esto mismo. La chica esta es la típica forrita que te encontrás en el colegio. Pero esta vez, la muchacha adulta se notaba que seguía pateando actitudes de primaria. Todo el tiempo la mina buscaba el momento perfecto para excluirme y hacerme invisible. Yo llegaba a la juntada y ella ya tenía los ojos puestos en mí, observando cada movimiento mio. Muy fan de su parte. Claramente, al no darle bola, ella se enojaba más. Es como si estuviera en una guerra conmigo, pero ella no se da cuenta de que todo está en su cabeza y está jugando sola. Yo nunca le falté el respeto ni una vez y ella ya andaba como si yo fuese una amenaza con patas.
Realmente nunca me había pasado con nadie. Si recibí actitudes de mierda, generalmente vienen de hombres. Me suelo llevar muy bien con las mujeres pero ella es un caso aislado. Se nota que le jode que a mi no me importa lo que haga ni quién es ella. Y se nota que es la primera vez que su niña herida se encuentra con alguien que no le va a chupar las medias y no le va a dar la atención que ella busca. Es terrible ver como alguien se cree superior a otras personas y no sabe tratar al resto como un igual. Lo peor de todo es que esta trolita tiene un grupo de amigos estable. Se ve que todos miran para otro lado o simplemente, son iguales que ella.
Por otro lado, hay un chico, Nicolás, que me di cuenta que en un momento tuvo un interés hacia mi. Yo creo que hasta el día de hoy, él sigue pensando que yo soy linda ya que mantiene una observación silenciosa. Pero claro, al ver que yo me alejaba de ellos, Nicolás demostró ser un inseguro más y empezó a tratarme irrespetuosamente. ¿Me sorprende que un hombre, al sentirse rechazado por mi, me empiece a tratar mal?. No. Ya con el Mono y su grupo de pajeritos nada me sorprende. Por suerte, no todos en este grupo tienen el cerebro lavado. Hay otro chico, Santiago, aka Worms. Yo considero que es el único con un poco de neuronas. Una vez estábamos jugando al juego del fanfarrón. Uno de ellos había dicho una palabra que yo ya había dicho antes. Empezó el debate y las únicas personas que defendían mi postura eran mis amigas. Y Worms. El único con pelotas para salir de su grupito de mierda y defender lo justo. Con Worms igual tengo mis sospechas. Todavía no confío mucho ya que, dato importante, también le parezco linda y le intereso. ¿Quién dice que Worms no me defendió por pura empatía?. Pero, teniendo en cuenta mi historial, no va a pasar la prueba tan rápido. Igual, me da pena. Se nota que es un chico inteligente, con cosas para decir, pero toma una postura más introvertida y de bajo perfil, y estando en un grupo de narcisistas, Worms no tiene lugar para expresarse. Ojalá encuentre amigos que lo valoren y le den su merecido lugar. Marissa, mi profesora de yoga, dijo algo importante en una clase. Ella es muy espiritual y habla mucho sobre las energías. Dijo “si nosotros nos rodeamos de personas tóxicas, vamos a ser la cuarta, quinta, sexta persona tóxica, pero si nos rodeamos de gente exitosa, vamos a ser la cuarta, quinta o sexta persona exitosa”. Muy sabia Marissa.
Este grupo también me hizo replantearme mis amistades. Yo estoy consciente de que mis amigas prefieren fingir demencia y, como ellas no son atacadas, no les importa mucho lo que ellos hagan. Esto fue un temita importante este año. Ver que ellas no me defendían públicamente y seguían juntándose con gente así, me dolía bastante. Ver como ellas cambian de personalidad cuando estamos cerca de ellos, dejando de ser ellas mismas y convirtiéndose en monstruos sociales me chocaba con la imagen que tenía de ellas. En realidad, esto siempre lo supe. Esto de su búsqueda de encajar, de la validación, de caer bien, de alternan personalidades. Pero nunca lo quise aceptar. Yo se que ellas tienen un montón de cualidades buenas, pero no soporto ver como cambian el segundo que aparece gente nueva.
Entendí que esto no es mi problema. Que yo podía evitar estas situaciones sociales superficiales sin que yo tenga que dejar de ser su amiga. Además, este problema de quedarse cerca de gente tóxica, es un patrón que tienen. Osea, algo que viene de una herida profunda de ellas y que yo no puedo resolver. Esto lo veo en otras amistades que ellas tienen. Un caso muy notorio, es el de las amistades facultativas. Es increíble ver como ellas, teniendo veinte años, se hagan amigas que no valen la pena. Hay tanta gente en este mundo como para conformarse con personas complicadas. No sólo las amistades nuevas son las que importan, sino también las viejas que uno decide seguir teniendo cerca. Justamente hay dos de ellas que tienen otro grupo que les quedó del colegio. Por un lado, el grupo de una es bastante sano pero tiene dos amigas medio sospechosas. Por otro lado, el grupo de la otra está repleto de minas que solo piensan en ellas mismas y ni se cuidan entre ellas (sorpresa, son todas milipilis). Me acuerdo que en la última noche del viaje de egresados, este grupo se peleó con una de mis amigas. Obviamente, mi amiga decidió no tomar ninguna postura y hasta lloró porque “no quería que ambos grupos se pelearan”, como si ella fuese la víctima de todo el conflicto por el que sus amigas se estaban enfrentando. Yo a veces no entiendo la demencia que tenés que fingir para no poder aceptar que tu grupo de amigas son personas de mierda que van a pisar a cualquiera para conseguir lo que quieren. Y lo peor de todo, que a las personas que están atacando, también son tus amigas. De nuevo, esto es algo que eventualmente ellas van a tener que reflexionar, si es que en algún momento se les cae la idea de crecer en este aspecto. Ya mucho dicen con su elección de parejas. Al final, uno acepta el amor que cree merecer.
Además, este año en mi cumpleaños, también invité a mis amigas de la facultad. Yo que estaba sentada en el medio de la mesa, iba girando de a ratos para meterme en la otra conversación. Lamentablemente se me hizo un poco complicado mantener un balance y dar la misma energía a ambos grupos. Yo me giraba a escuchar la conversación de ellas y hablaban de Bondiola, de gente del colegio o de gente que no conozco (porque conocieron a esta gente a través de Bondiola). Claramente a mi me chupa un huevo estar en mi propio cumpleaños hablando de gente que ya quedó en el pasado y no me importa su vida actualmente, gente que ni conozco y nunca lo voy a hacer, y mucho menos de gente que me cae mal y no tiene buen trato conmigo. A veces me dan pena. Me da pena que giren su vida en torno a un grupo de personas. Entiendo que tengo un sesgo importante con ellos, pero yo nunca me la paso todo el tiempo hablando de gente que me cae bien. No está bueno perder esa chispa de individualidad y entender que, a pesar de estar dentro de un grupo, uno también es una persona a parte con vida propia.
A pesar de que no haya ningún conflicto entre nosotras y no estemos en una guerra silenciosa, yo decidí que lo mejor era mantener la amistad pero no priorizar a nadie y mantener una distancia sutil. Ellas no son las que tienen malos tratos conmigo, entonces no es un problema de ellas hacia mi. Pero si ellas eligen estar cerca de gente que me ha tratado mal, me conviene desapegarme un poco. Es interesante porque en mi cumpleaños se reveló una nueva dinámica. Como mencioné, nunca fui de muchos amigos. Mis amigas cercanas siempre fueron ellas desde que entré al colegio. Si tuve otras amistades pero fueron más pasajeras o simplemente tomamos distintos caminos. Nosotras somos un grupo de seis. Cuando terminamos el colegio, tres entraron a una facultad privada. Esto quiere decir que sus clases son como las de un colegio y por eso conectaron mucho más rápido y fácil con gente de su carrera. Por otro lado, las que estamos en la UBA, hicimos malabares. Una encontró un grupo rápido y lo sigue manteniendo, aunque no son las mejores amigas que uno podría tener. Otra, a pesar de ser muy social en el colegio, hasta el día de hoy no tiene amigas y no socializa, algo que me llama la atención. Tuvo buena onda con unas pero no las vió más.
Por mi parte, el Cbc fue medio un quilombo para mi. De por sí, cursaba con como doce personas de comunicación. Osea que si yo no conectaba con ninguno de ellos, no tenía amigos de mi carrera. Aun así, si me hice amigas buena onda. Pero el tema era que eran de otras carreras así que sólo cursé con ellas un cuatrimestre en una sola materia. En el segundo cuatrimestre, me hice una amiga de comunicación. Fue un milagro encontrarla y a parte me cayó muy bien. El problema es que ella había pateado rendir economía y la está rindiendo este año. Así que de cualquier manera yo empezaba la carrera sola. Esto no me afectaba mucho. No me molestaba estar sola y tampoco me daba vergüenza ni nada. A veces me aburría, pero sólo eso.
Este año, cuando entré a la facultad de verdad, me di cuenta de que hay gente muy copada. Realmente solamente la gente en San Isidro parecía que tenía ganas de tirarse de un décimo piso. Nadie quería socializar y lo peor era que la gente de comunicación no quería charlar conmigo. Me daba gracia porque se hicieron tres grupos. Entre los grupos se charlaban y en ningún momento pensaron hablarme sabiendo que cursamos todo el Cbc juntos. Mala onda a nivel extremo. Era una marginal social pero no por elección. A todo esto, no me paraban de mirar. Es raro que en un contexto social, donde la gente se hace amigos, todos te miren pero nadie hace nada. Yo no sé qué esperaban de mí o incluso por qué estaban tan al tanto de lo que yo hacia sí ni me iban a hablar. Yo tuve la oportunidad de hablar con algunos de ellos. Spoiler, eran mala onda.
Hubo un grupo de cuatro chicas, que después dos no pasaron el Cbc, con el que yo interactúe en un trabajo grupal en clase. Desde el primer momento sabía que esa era la última vez que les iba a hablar. Voy a mencionar dos en específico ya que después las ví en la facultad este año. La morocha, me resulta insulsa. Odio cómo habla. Es de esa gente que tiene un tono de voz pesimista como si se estuviera quejándose de todo todo el tiempo. Insoportable escucharla. La rubia, era un poco más inteligente, pero me hablaba como si yo fuese una nena de diez años. Otra que se cree superior. Otra insoportable. Ambas tienen un tema conmigo. Siempre me andan observando. En la facultad, cuando las veo se ponen re chusma. Una vez, estaba en un teórico con mis amigas y ellas llegaron tarde. Pasaron enfrente de nuestro banco y estando solamente a un metro de distancia, la rubia me mira intensamente mientras caminaba. Realmente no sé cuál es su problema pero que se dejen de joder. Para cerrar este tema hay un dato importante. Todos estos personajes del Cbc, no socializaron mucho. No expandieron mucho su grupo social. Capaz por eso me miran, porque yo, que llegué con nada, me construí desde cero. Y conseguí un grupo copado. Esa palabra, “copado”, ellos no la conocen.
El Cbc no fue todo sufrimiento y aburrimiento. Una vez, estaba en Semiología, eran las siete de la mañana y un señor con mochila entró al aula. Ya era cómo mitad de cursada y yo nunca había visto a ese señor en la clase, pero supuse que yo era media distraída y no lo ví. Claramente no. El señor sin pedir permiso entró así nomás y dijo lo siguiente: “Hola, somos los portadores de VIH”. ¿Cómo señor?. Me acuerdo que el profesor me miró como pidiendo ayuda y le dijo al señor amablemente que no estábamos para una charla y que se vaya. Me mata la falta de vocabulario en esa frase. “Somos” cuando el señor estaba solo. “Portadores de VIH”, osea ¿usted es portador de VIH?, ¿es parte de una asociación llamada “portadores de VIH”?. El silencio que había, el hecho de que eran las siete de la mañana y que traiga un tema tan random así de la nada era re gracioso. Hasta el día de hoy me intriga saber qué iba decir. Yo me acuerdo que mi amiga justo había faltado entonces no tenía a nadie para procesar lo que había pasado. Ese mismo día por suerte me junté con mis amigas, les conté la historia y todas, como creía, se estallaron. A veces extrañaba esa sensación, cuando algo gracioso pasaba y había gente a tu alrededor que también estaba tan quemada de la cabeza como vos.
Volviendo a mis amigas y la dinámica, esto hizo que yo me sintiera un poco atrasada en lo social. Ellas hablando de cómo estaban reforzando confianza con sus amigas de la facultad y yo atascada en las malas vibras de San Isidro. Pero este año, en donde formé un grupo, mi cumpleaños marcó un fin de ciclo. Esta era la primera vez donde mis amigas veían que mi atención se iba hacia otro grupo. Ya no estaba solamente enfocada en ellas, ahora se sumaron nuevas personas que reciben mi contención. Cuando las de la facu se fueron, me dijeron que estaban felices de que mis amigas sean buenas personas. Esto me dio gracia porque, teniendo en cuenta sus amistades, este comentario para mi era lógico. Obviamente que la gente que me rodea van a ser buenas personas, sino no serían mis amigas. Parece que esto no es algo obvio para todos.
Con esto termino este tema. Ahora paso a las chicas de la facultad. Realmente tengo el privilegio de haber encontrado un grupo copado a la primera. Yo he interactuado con otra gente copada pero eran más charlas del momento que una señal de “quiero una amistad con vos”. Ellas son personas que me permiten mostrarme tal cual soy y que me muestran otro tipo de amistad sana. Con ellas solamente encuentro dos problema. Uno, son muy ansiosas. En el último cuatrimestre, en el taller de radio, ellas se ponían muy nerviosas cuando había que entrar al estudio. Entiendo que hoy en día la ansiedad está muy vigente, pero a veces era una exageración de algo que no era tan terrible. Lo peor era que pasábamos de a dos al estudio. Osea, dos gatos locos y eso ya era el fin del mundo. No me imagino lo que hubiese sido si toda la comisión estaba ahí dentro.
Esto también fue un temita para los trabajos finales. Uno era hacer un programa de radio siguiendo ciertas reglas y otra un podcast. La desorganización, la falta de comunicación, la ansiedad de todas, me volvía loca. Yo siempre era la que agarraba la iniciativa y ordenaba el desorden. Aunque me gusta el liderazgo, me estresaba no poder bajar la guardia un segundo porque todo se iba a la mierda si yo no intervenía. Habían varias que se hacían las boludas y no trabajaban, otras que delegaban su parte a todo el grupo y esto hacía que haya un gran desequilibrio en el desempeño y aporte de cada una. Parezco una señora hablando sobre trabajo y desempeño, pero yo valoro el esfuerzo que le pongo a la facultad un montón. Cuando hay que laburar, yo siento el orto en la silla y me enfoco en lo que hay que hacer como corresponde. Especialmente si es un trabajo que involucra la nota de otras personas, yo siempre trato de no procrastinar y organizar todo a tiempo. Esto hace que yo siempre termine siendo “la líder” incluso cuando no quiero. Es increíble la cantidad de planeros que hay en la facultad. A veces me pregunto por qué chota están ahí voluntariamente. Pero bueno, esto es más de trabajo grupal facultativo que de amistad y ya tomé nota.
El segundo punto es que cuando nos juntamos fuera de la facultad, no saben sostener una conversación entre seis personas de manera equilibrada. Hay dos en específico que les gusta hablar mucho de ellas y contar anécdotas. Entiendo que no conocemos el pasado de cada una y para conocernos hay que contar cosas de nosotras mismas. Pero es increíble la cantidad de interrupciones que hacen. Una está hablando de algo que le pasó y otra la corta para empezar a contar una anécdota de ella porque se acordó de algo. La última juntada sin contar mi cumpleaños fue un desastre. Yo no entiendo por qué no se pueden escuchar entre sí. Acá también hay otro problema que incita la interrupción. Cuando algunas hablan de sí mismas, se la pasan horas hablando de sí misma. Entonces, la única forma de acotar algo, es interrumpiendo. Yo sé que esto sale de una herida de no sentirse escuchada, entonces cuando alguien te da el espacio, te desbordas emocionalmente y no paras de hablar. Pero es terrible no poder charlar como personas normales sin que todo sea un caos. Es raro, porque en la facultad no pasa eso. Solo cuando nos juntamos en otro lugar. Yo entendí que en ese caso, es mejor retractarse, quedarme callada y no alimentar este comportamiento para mantener mi paz.
A pesar de estos inconvenientes, yo las banco. Es más, en mi cumpleaños se comportaron como unas reinas. Más vale que se mantengan así. Somos chicas que pensamos parecido y tenemos muchas cosas en común. Aún así, yo quisiera seguir socializando. Tampoco me voy a ir del grupo sabiendo lo valioso que es ser compatible con alguien. Pero si quisiera seguir explorando y no encerrarme en una opción. Es medio paradójico lo mio. En relaciones amorosas soy monogamia, patria y familia a muerte. Y en amistades parezco la gente está poliamorosa que se anda cogiendo a todos. Igual van a ser siempre mi grupo principal. Yo las valoro un montón y la paso muy bien con ellas. Lo más lindo es empezar a generar recuerdos juntas.
Hubo un día que fue muy gracioso. Era el primer día del segundo cuatrimestre, solo cuatro de nosotras nos habíamos anotado a Semiótica y nos solicitaron ir a una clase teórica que no era una clase normal sino una presentación de un señor de la cátedra que se jubilaba. Osea, con todo respeto al jubilado, nos chupaba un huevo pero fuimos a hacer presencia como estudiantes responsables. La charla fue aburridísima, lo esperable. Pero la vida nos trajo un entretenimiento que no esperábamos. Un fotógrafo apareció a la media hora de la charla.
¿Qué tiene de importante este fotógrafo?, que seguro era su primera vez sacando una foto. El chabon llegó, charló con un hombre de la carrera que le dió indicaciones y empezó a laburar. Con mis amigas estábamos sentadas maso menos en el medio del aula en un banco, apretadas como una morcilla porque era más chiquito que las ganas de vivir de ese fotógrafo. Claro, las cuatro prestando atención, llenando el espacio, en el medio del aula, éramos un target perfecto para la estética institucional. ¿Cómo explico la CANTIDAD de fotos que nos sacó?. Literalmente nos estaba haciendo un book de quinceañera. Nosotras fuimos a esa charla sin saber que nos tocaba un puto photoshoot privado.
Me acuerdo que nosotras no nos parábamos de reír. Solo una estaba indignadísima y se enojó un montón. Ya llegaba un punto donde solamente nos enfocábamos a dónde había ido el fotógrafo para no poner cara de boludas y salir con los ojos cerrados. Yo en un momento no aguanté más y me tenté. Como no reirme si el chabon estaba a dos metros de nosotras, apuntándonos con un socotroco, todos en silencio y lo único que se escuchaba era la ráfaga de fotos que el pelotudo sacaba. En ese momento, mientras me reía, el fotógrafo se quedó en posición como para sacar una foto pero no se escuchaba el sonido de la ráfaga. Yo por dentro me decía “Florencia controlate, hay un jubilado dando una charla y no podes quedar como una desubicada”. Entonces traté de pensar en otra cosa, logré ponerme seria y empecé a ignorar al muchacho. Este hijo de puta, aprovecha ese mini segundo de mi seriedad y mientras yo estoy mirando para adelante, escucho el sonido de la ráfaga de nuevo. Claramente me volví a tentar.
Yo no daba más. Quería que la charla terminase así me podía reír tranquila. La única forma que encontré de equilibrarme era agarrando el celular y mirando Twitter. Además, se notó que al chabon no le gustó eso porque no le servía que yo esté con el celular en la foto. Entonces se fue a pasear por el aula. Sacaba fotos en ángulos chotisimos y hasta el hombre de la carrera que le daba indicaciones lo miraba con cara de orto. Ese fue su primer y último trabajo.
Después de eso, yo mínimo esperaba aparecer en el Instagram de la facultad. Yo tengo una meta actualmente y es hacer presencia en el Instagram. Obviamente, primero viene recibirme. Y después, que suban una foto mía a la página. No sé por qué quiero aparecer. Todo el mundo siempre habla de que NO quiere aparecer. Pero yo quiero poder decir “la facultad me sacó una foto, pensó que me veía re responsable y me subió a Instagram”. Yo no sé quién decide qué se sube, pero al menos nuestro amigo no ayudó en nada. Porque cuando subieron las fotos, no aparecíamos en NINGUNA. La única foto que subieron de nosotras fue una en donde estábamos de fondo todas desenfocadas y JUSTO una mina me tapaba entonces yo ni salí. OCHOCIENTAS FOTOS PARA QUE NO APAREZCA NI EN UNA PUBLICACIÓN. Yo estaba re ofendida. Aparte, había una francesa con la que yo cursé que le habían hecho no uno sino DOS retratos de ella. Le dedicaron DOS publicaciones a la francesa estando en Argentina. La puta que les parió. Todos vende patria.
También nosotras fuimos desbloqueando personajes a lo largo de las cursadas. El taller de radio se llevó el premio. Habían dos chicos, nuestro mejor amigo Pato y nuestro archienemigo Iñaki. Pato no lo sabe todavía, pero es nuestro amigo. El chabon generó revuelo en el taller porque tiene la voz grave. Obviamente la profesora enamorada de Pato. Y en cuanto a Iñaki, le tenemos un poco de bronca porque su abuela conocía a la profesora entonces ya había un favoritismo y a parte era el típico sabelotodo que participaba siempre. A mi me enoja que un hombre sepa más cosas que yo. Tipo, ¿quién te crees que sos?. ¿Mujer?. Siempre que hay un cerebrito en la clase yo lo tomo como un desafío. No si son mujeres, sólo si son varones. Es como que su necesidad de demostrar inteligencia y buscar validación académica prende mi chispa competitiva.
No sé por qué será. Creo que viene de mi papá. Yo siempre pienso que yo soy el hijo varón que mi papá nunca tuvo. No porque tenga pito, sino porque a diferencia de mi hermana, yo voy mas de frente y soy mas dura. Ella es más sensible y pasiva, busca el equilibrio, la armonía, vivir en un mundo de rosa donde un unicornio te despierta con un ramo de flores y todos comen helado todos los días. Y yo soy la hija del debate que cuestiona todo. De chiquita era la que no paraba de hacer preguntas, la que no tenía miedo a discutir y demostrar mi punto de vista. Por algo mi hermana estudia psicología y es voluntaria en un hospital de niños y yo estudio comunicación y compito con hombres. Aunque con esta descripción parezco una persona confrontativa, no lo soy. Al contrario, soy re pacífica. Pero si algo me incha las pelotas, va a escuchar de mi.
Y al final del día, mi papá siempre fue un gran referente en cuanto a la carrera. Siempre me dice que me enfoque en mi misma y que no le de bola a lo que hacen los demás. ¿Qué dije antes?. Mamá luchona que cuida de los vulnerables, que lidera, que organiza el caos, que confronta si es necesario, que compite con otros hombres. De algún lado yo saqué estas cualidades. Además, mi papá es re groso en su trabajo. Así que hay que escuchar al ingeniero cuando habla. Él trabaja en varias empresas, diseñando robots y programando. Nada que ver con comunicación. Este año, yo quería conocer una de las fábricas de autos en las que trabaja y me llevó de paseo. Mi papá es un tipo muy orgulloso. Mientras íbamos por cada máquina, viendo el proceso de cómo se iba armando un auto, él decía “todo esto lo programé yo” y soltaba una risita. A veces es un hombre complicado, pero la rompe en su trabajo y yo quiero ser como él. Me mata que después de esa visita, siempre hablaba como si yo fuese a trabajar hipotéticamente en una corpo cuando me reciba. Me da ternura que quiera que yo trabaje en la empresa en donde trabaja. Pero antes de trabajar en un lugar donde hay tres mujeres y millones de hombres, prefiero trabajar en una verdulería.
Ellos no fueron nuestros únicos personajes, también hubo una situación graciosa en Teorías de la Comunicación. En el taller de escritura, habíamos fichado un chico rubiecito, Iñaki. En la facultad descubrí que hay muchos Iñakis. Este rubiecito se unió tarde a nuestra comisión de comu. En esta materia, había que hacer una presentación oral en grupo y como Iñaki era nuevo y nos había visto en el taller, nos preguntó a Ani, una de mis amigas, y a mí si podía hacer grupo con nosotras. Más adelante ese mismo día, por el grupo de la comisión Iñaki manda si se podía unir a un grupo. Ani, sin pensarlo, lo añadió a nuestro grupo. Después llegó la clase donde el profesor iba grupo por grupo chequeando que nadie quede solo y chequeando presencia. Claro, cuando llegó a nuestro grupo, fue leyendo nuestros nombres y cuando llegó a Iñaki, Ani hizo como una seña indicando que Iñaki era el rubiecito que estaba del otro lado del aula.
A todo esto, el verdadero Iñaki mostró que estaba presente. No era el rubiecito, era otro Iñaki y estaba atrás nuestro. Nosotras nos cagamos de risa porque estábamos hablando abiertamente de Iñaki, pensando que era el rubio y en realidad estaba atrás nuestro. Después fuimos al grupo y vimos la foto de perfil. Efectivamente Ani había agregado a otro Iñaki. Un papelón. Este Iñaki nuevo también se convirtió en un personaje más. Aunque más a distancia porque no cursamos otra materia con él.
Menciono un último personaje. Esta vez era una chabona de como treinta y pico de años. Estaba loca. La mina vivía en su propio mundo. Tres días antes de los parciales, mandaba por el grupo preguntando qué textos entraban o si alguien pasaba resumen. Ani me contó que ella tenía que dar un oral y faltó. Otra vez tenía un parcial domiciliario, llegó tarde y respondió solo una pregunta y con Chatgpt. Otra vez, le dijo al profesor que no leyó un texto porque no tenía ganas. Y en clase, se sentaba delante del profesor solamente para ponerse a usar el celular. También nos daba gracia su foto de perfil de Whatsapp. Ella era la fan número uno de Luck Ra. Entiendo que “La Morocha” es un buen tema pero tampoco para amar al chabon. En su foto estaba ella, enfrente de un micro con la cara de Luck Ra y con él mismo. Nosotras no sabíamos si la muchacha era una fan loca o si trabajaba de algo en el equipo de él. Pero era un montón.
Esto no es lo único que pasó, pero tampoco puedo dedicarle cien hojas a las experiencias locas de la facultad. Confío en que cada cuatrimestre se va a poner más gracioso. Si el sufrimiento y exigencia van a escalar con los años, que al menos me tiren un entretenimiento cada tanto.
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